martes, 23 de junio de 2009

UN SUEÑO ANGUSTIOSO

Anoche tuve un sueño muy angustioso. Tuve visiones y se descifraron ante mí muchos secretos. Vi como los Dioses, en su ímpetus y soberbia, como quien hace alarde de su poder, desobedecían mis órdenes y te regresaban a mí. Todo fue tan claro para mí, recuerdo todos los detalles con gran precisión, como el día que descendí de los cielos mismos y me hice mortal para entregarte mi alma y abandonarme a tu lujuria, haciendo caso omiso a las advertencias de aquellos que predecían mi caída y mi ruina por abandonar la morada de los que no entregan su alma, que solo contemplan el sufrimiento de los mortales y que dictan las reglas para que el sueño de los humanos nunca termine. Note que conservabas tu brillo, tu belleza, tu risa y tus encantos, como aquel día, cuando en contra de mi voluntad, selle tus últimos recuerdos en los oricalcos, y jure que jamás los liberaría de su eterna prisión. Estabas ahí, junto a mí y me agarrabas de las manos, olvidando el pasado y empezando de nuevo, como cuando te acuestas en una noche de perturbaciones, deseando que amanezca pronto para que el silencio de la madrugada oculte las preocupaciones, recorriendo el camino que yacía olvidado por las amarguras y los rencores de mi corazón. Parecías tan real, ver al olvido devolvernos nuestras vivencias, nuestras ilusiones perdidas, nuestros recuerdos olvidados, aquellos que el viento se había llevado junto con el roció de la madrugada, esparciendo las cenizas por todo el universo. Ante el oráculo de Delfos sentí como me invadía una tensión, que se respiraba en el entorno, aunque para ti pasaba desapercibida, como si aún conservara parte de las habilidades que el mismo infinito me había otorgado en los días de mi gloria, cuando desde la morada de los inmortales contemplaba las debilidades de aquellos que como títeres vivían de manera rutinaria en la tierra, no sabiendo que seres superiores a ellos se mofaban de sus estupideces. Después de escuchar sus sabias palabras, de repente, contemple como de una manera triste ambos enterrábamos nuestro amor, nuestras ilusiones, aquellas que sobrevivieron a la guerra eterna del olvido y el perdón, Juntos ante la tumba de nuestras pasiones, y contemple tus lágrimas, vi como el llanto salía de tu pecho provocando que tus manos temblaran, como tratando de explicarme las razones que te arrebataron de mí, como si algo o alguien controlara tu mente y tu ser y te arrastrara hasta el lugar al que yo mismo decidí enviarte. Entonces te fuiste desvaneciendo con el viento ante mis ojos, observando como tu silueta se perdía ante el ruido del llanto que se había quedado alrededor nuestro. Me quede inmóvil, paralizado ante tu segunda partida, creyendo que una fuerza del más allá me impedía agarrarte de los brazos, posponiendo tu partida. Y fue entonces y solo entonces cuando comprendí que más que una fuerza desconocida del más allá, era un pesar que emanaba desde mi propio ser, deseando verte partir, sin remordimientos, dejándote libre para seguir tu camino hacia tu destino incierto. Entonces, cuando ya no estabas, cuando se acabó la magia, desperté empapado de sudor, sintiéndome feliz entre la amargura y mi tristeza, porque, aunque a veces mi realidad converge con mis delirios y fantasías, me di cuenta que solo fue un sueño angustioso.

lunes, 15 de junio de 2009

ME PARECIO ESTAR EN ITALIA

La verdad es que no soy de esos tipos complicados que siempre llevan un manual sobre qué y cuándo comer. No por considerarme un chico glotón (esa es otra historia), sino porque me encanta comer y disfrutar de los exquisitos platos que ofrece nuestra gastronomía popular. Aunque no suelo complicarme a la hora de elegir un sitio o un plato, hoy me resulto un poco difícil la decisión, como cuando uno se levanta con el ruido del despertador, con los nervios de punta a las 7 de la mañana con un sueño terrible, ante la disyuntiva de: "me baño o no me baño", como "ser o no ser". Fue entonces cuando recordé las sabias palabras de un amigo: "Este es el siglo de las NO complicaciones" por lo que decidí salir a comer fuera de la oficina y así resolver de manera sencilla lo que en un principio aparentaba ser un enigma que me llevaría años en poder descifrar, como cuando por razones inexplicables me decidí buscar el secreto de la eterna felicidad. El sol brillaba de una manera muy diferente ese día, las palomas volaban de un árbol a otro con finas ramas de olivo en sus picos, se podía percibir un olor a frescura en el aire que solo el bosque propiciaba y entonces me topé con Alicia en aquel mundo de..........., Discúlpenme, creo que me perdí en la historia. Al salir de la oficina ya me había decidido mentalmente a almorzar con una batida de lechosa y un rico sándwich de pierna de esos que venden en "Buen placer", entonces me topé con ese lugar. Me sorprendí mucho al verlo de frente, porque, aunque suelo pasar por ahí todos los días no me había percatado de su existencia. No sé si fue el aroma, o el trato gentil y amable que supuse recibiría de una joven elegante que estaba parada en la puerta, lo que me motivo a entrar, como cuando tuve mi primera experiencia sexual y no sabía lo que hacía ni lo que podía hacer. Al entrar me pareció haber entrado a un universo paralelo a mi realidad. Gente elegante a mi alrededor, un rico aroma a vino que me volvió loco por completo (me encanta el buen vino), mesas decoradas al estilo Miguel Ángel y todo un repertorio de cuadros de Picasso. Me senté en una mesa frente a la calle, contemplando el diario vivir de la gente que cruzaba frente a mis ojos y una música de fondo que me remonto a los años de Mozart y su retórica para los amantes a la buena músicainspiración que resulto interrumpida por una voz suave y melodiosa: "Buon pomeriggiosignore. ¿Sono in grado di servire voi?". La verdad es que, aunque no se hablar italiano, logre descifrar por sus gestos y el menú que me colocaba encima de la mesa que ya era hora de terminar con el carma que había empezado en tempranas horas de la mañana. Me decidí por un plato conocido, para no cometer el error de pedir algo que al final no me puedo comer. Un rico plato de Raviolis con carne, panecillos al horno, una salsa desconocida, y una buena copa de vino blanco fue todo lo que necesite para darme cuenta que no se necesita ir a Italia para disfrutar de un buen almuerzo.

miércoles, 10 de junio de 2009

PREGUNTELE A MI ESPOSA

Luego de varias dietas inventadas y otras sacadas de Internet, con nombres en ingles difíciles de pronunciar con eternos retardos de sacrificio inhumano y estrictas rutinas de ejercicios, de las cuales yo mismo fui participe, haciendo honor al contrato de amistad que nos une de por vida, complementadas con ropitas ajustadas y a la moda y bebidas light especiales para gimnastas, mi amiga yocaira logro por fin el cuerpo que tanto deseo, y que le pidió a Dios en sus largas secciones de oraciones nocturnas. Cero grasas abdominales, piernas y muslos firmes, trasero bien distribuido y unos enormes pechos que resaltaban por encima de la blusa, como en un pleno afán por liberarse de una opresión que alguien o algo les había infringido durante toda una vida. No solo registro cambios significativos en su forma de vestir, ya que ahora usa ropa más ajustada y provocativa, sino en los niveles de exigencia a la hora de escoger al agraciado con quien compartirá temporalmente sus regulares salidas de corte social y sensual. Como además de mucho aprecio, nos tenemos una gran confianza, fue ella mismo quien me contó toda la historia, la trágica historia que la atormentaba, con el pecho pletórico de orgullo por lo que supondría una gran hazaña para ella. “¿Te acuerdas de Aramis?”, me dijo. Y claro que lo recordaba, porque el pobre muchacho tenía una pinta de buena gente que llamaba poderosamente la atención, y esto, obviamente, hacía de él un chico difícil de olvidar. "Hoy precisamente cumplimos 1 año de casados" me dijo, como si más que estar feliz por su vida de romance, me estuviera mandando un meta mensaje, camuflajeado de risas y alegrías. “La verdad es que ya no sé qué hacer. Últimamente ha desarrollo una tendencia a engordar de manera descomunal. Creo que ha aumentado casi el doble de peso de cuando nos conocimos, y eso es mucho que decir. Pero lo más fuerte de todo esto es que no para de comer de noche. Siempre lo escucho en la nevera, devorando todo, sin poder acercarme a él, porque de repente hasta mi termina comiéndose. Definitivamente, tendré que ponerme fuerte con él", concluyó su sermón, sofocada por la inmensa cantidad de calorías que perdió en su enfática narración. Aunque siempre he sabido que para Yocaira, luchar por el mantenimiento de la planta física de sus amores y amigos es una de sus principales responsabilidades humanitarias, no pude evitar que me diera risa imaginar tal escena. Ellos dos sentados en un restaurante, al que gentilmente, me imagino que, ella lo habría invitado, puesto que además de controlarle la vida también le controla el efectivo, dando la impresión de que ella es la única que trabaja en la casa. El subyugado Aramis recibiendo la prueba de amor más grande que mujer alguna le pudiera dar. Ella pidiendo para sí salmón a la plancha con alcaparritas y vino blanco, aderezado con aceite de oliva y perejil, acompañado con unos panecillos al horno de entrada, y para Aramis, solo agua mineral, ignorando los deseos del joven que estaba sentado a su lado, como cuando Doku viene a mi pierna buscando las migajas de carne que comparte un amo con su fiel canino, y yo desconociendo las reglas absolutas que rigen tal ciclo humano-canino, termino solo echándole un "Sio, sio". Como plato fuerte, no vale la pena detallar lo que me imagino que pediría para ella, pero para su acompañante una ensalada de recula con aceite de oliva y una pizca de sal. Y lo más chistoso me lo imagino para el final de la velada cuando el mozo le pregunte a Aramis " ¿Que le sirvo de postre señor?" y él, inseguro y sumiso, le diga: "Pregúntele a mi esposa".

lunes, 8 de junio de 2009

PARA COMENZAR DE NUEVO

Aunque el autoanálisis no es una de mis terapias favoritas, finalmente derrotado, tuve que recurrir a ella. Abatido por los sin sabores de la vida, sumergido en sus largas sesiones de sermones, donde la conciencia se cree la dueña de cada parte de mi ser y me obliga contra mi propia voluntad a obedecerle sin tener ninguna opción, ningún camino. Después de haberle jurado lealtad absoluta, humillado como un simple esclavo, tan solo por escuchar sus sabios consejos, buscando una salida a todo, como si mi vida dependiera de un frágil y delgado hilo, me dijo un extraordinario secreto: la clave para el olvido. Al escuchar sus sabias palabras, como si se tratara de la eterna cura a todo mal que se le infringe al corazón, me di cuenta que no eras tú, sino yo. Que nunca dependió de ti, sino de mí. Que siempre estuvo ahí frente a mis ojos, y que solo se necesitaba valor para afrontarlo. Y hoy, después de tanto tiempo a tu lado, después de haber recorrido fielmente tu camino y no el mío, de pensar en ti más que en mí, de defender tus ideales olvidando los míos, he decidido perdonarme y darme una oportunidad. Perdonarme por haber gastado mi vida en ti, por haberme dedicado a tiempo completo a tus caprichos y desvaríos. Perdonarme por haber cometido el pecado imperdonable al creer que serias un ser eterno en mi vida. Por haberte llevado a lo más alto jugando a ser Dios, creyendo que todo lo podía, que todo lo obtendría, tan solo por complacer tus deseos, tus caprichos, tus órdenes. Perdonarme por creer que siempre seriamos uno, en propósito, en pensamiento, en la vida. Perdonarme por las infinitas veces que jugaste con mis sueños, con mis ideas. Por la mil y una vez que llore, cuando intente buscarte entre los sonidos del viento cuando la noche llegaba a su clímax en los días del cálido otoño. Afanado tras de un susurro que solía venir a mí en mis sueños y en mis delirios, donde te buscaba insaciablemente, acariciando mi almohada creyendo que eras tú, que estabas ahí, que velabas mis sueños y me cuidabas de los temibles “Ardillotrodos” y de los implacables elfos que vigilaban nuestra cama, nuestro sueño, nuestro mundo, para devorarnos con ansias. Perdonarme por ser quien fui, porque, aunque nunca me he arrepentido de mis acciones, maldigo ante los dioses el día que te entregue mi alma, que te di mi ser, que nos unimos en un mismo cuerpo, que suspiramos el mismo aliento. Perdonarme por los años que se han ido, aquellos que no disfrute por pensar en ti primero, por creer que eras como el norte a seguir en una aventura en lo más profundo del bosque, dejando atrás la vida que pude haber tenido, dejando mis sueños y mis fantasías, sumergido en mi propia calma, ahogándome entre tus mentiras y tus cuentos, creyendo que nuestro castillo nunca se derrumbaría. Perdonarme por haber desafiado todo aquello que no comprendía, ciego y callado ante tus aventuras y tus infidelidades. No porque mi conciencia se halla cansado de verme abatido y vencido en las batallas finales de nuestra vida juntos, sino por mí, por lo que soy, por lo que nunca fui mientras estuve contigo. Hoy he decido perdonarme por no pensar en mí. Darme una oportunidad porque soy joven, porque la vida me sonríe dejando su silueta en mi ventana todas las mañanas, animándome a ser feliz, a perderme entre los encantos del amanecer, invitándome a recorrer sus más finos destellos de júbilo. Porque soy inteligente, porque desafíe a los dioses y me burle de ellos, saliendo ileso de tal osadía. Porque el mismo Zeus quedo hechizado ante mis palabras y mis gestos. Hoy, en este día, tus recuerdos se van con el viento cálido de la noche, con mis últimas lágrimas, con mi último aliento, esparciendo su rastro entre las nubes, hasta desaparecer en el cielo estrellado. Porque ya no puedo guardar tu corazón en aquel lugar secreto donde lo oculte, para que no te fueras nunca, para que no se lo entregaras a nadie, donde ni siquiera los dioses lo sabían de su existencia. Porque ya no más, porque quiero perdonarme y darme una oportunidad, es que le digo a dios a todos tus recuerdos y a tu amor.