miércoles, 16 de septiembre de 2009

TRAICIONADO POR MI PROPIA ALMA

Sin poder evitarlo te siento, como en aquellos días que se vuelven fríos y a la vez cálidos. Siento como recorres mi cuerpo, como te acuestas junto a mí cuando me sorprendes desprevenido en la oscura noche, abatido y cansado de vivir una vida de mentiras y fantasmas, una vida fuera de mi propia vida, bajo el sonido del silencio y las sobras ocultas de las mismas sombras. A veces me pierdo entre lo real y lo fantástico, como si cayera en un sueño lento y acalorado que me seduce y anestesia mis sentidos y me transporta al dulce karma de tu inesperada presencia, que día tras día regresa sin ser llamada. El sudor en mi cuerpo, la brisa tensa que se escurre por la ventana, delata tu presencia y te escondes tras la puerta, jugando a hacer como el viento, que solo se siente y se percibe por sus suaves ráfagas, como un torrente nebular que despliega una corriente de aire que congela y frisa mis sentidos, que me envuelve y me hace girar hasta el cansancio mismo, provocando mis repetidos e interminables delirios a media noche. Y cuando mi alma está en reposos, entonces te vuelves invisible y tu silueta se desvanece de detrás de la puerta y sin notar tu presencia te acercas despacio a mi pecho como si trataras de robarme el poco aliento que me queda, aquel que decidió seguir viviendo junto a mí, aquel que prometió darme las fuerzas para no revivir nuestra vida juntos, aquel que me inspira a no pensar en aquellas emociones malditas y prohibidas, condenadas por mi espíritu y desterradas al lugar oscuro e infinito de mis emociones y mis deseos no cumplidos. Entonces, entre sueños y delirios me hipnotizas y al no poder robarte mi alma la escondes, la ocultas, la alejas de mí, y cuando mis fuerzas casi me abandonan y notas que estoy a punto de morir, la traes de vuelta y me dejas perdido en mi propio trance, como si trataras de castigarme por haberte dejado partir cuando rompimos la regla sagrada del amor eterno, cuando mi mente dejo de pensar en aquellos momentos que son inolvidables, abatida por aquellas olas que desafiaron las leyes naturales y sobrepasaron los límites de la cordura y lo normal. Y cuando creo haber terminado con aquel sueño hecho realidad, término parado sobre la frágil línea que divide nuestras vidas, contemplando como ríes ante mis debilidades, viéndote partir después de haber comprobado, una noche más, que cuando mi cuerpo duerme mi alma me traiciona y te sigue, seducida por tus mentiras y encantos.