Desde que tengo uso de la memoria, siempre he vivido apegado a los designios dictados por la razón, por mi razón, incluso por encima de lo que dicta mi corazón. Mi mente ha sido mi guía, mi refugio y mi fortaleza. Siempre me he movido con equilibrio, con palabras pensadas, pero sobre todo con pasos muy medidos. Y es que, en verdad, te confieso, como uno de mis más grandes secretos, que soy una mente malvada, muy malvada y maquiavélica por demás, fría y calculadora. Soy de esos que observan, como un astuto depredador que vigila fijamante a su presa. De esos que sostienen la calma, incluso cuando el mundo se desploma y se derrumba como si fuese un suspiro perdido en plena mañana. Pero cuando estoy contigo me ocurre algo que, en verdad, no sé cómo podria explicar. Es como si quedara atrapado bajo un hechizo silencioso que cae sobre mí de manera muy repentina. Como si al estar contigo se activara una parte secreta de mi alma, que sin permiso alguno se apoderara de todo mi ser. Y de pronto, mis pensamientos, tan bien ordenados, como siempre los he tenido, se vuelven un poco locos, como estrellas fugaces cruzando el cielo de un lado a otro, sin guía, sin ninguna dirección. Entonces mi voz se tropieza y mis gestos se vuelven un poco torpes. Y yo, que suelo ser firme, me descubro muy ligero. Porque cuando estoy contigo, es como si una versión mía, que no sabía que existía, o que quizá había estado bien dormida durante toda mi vida, se despertara y tomara el control de toda mi vida. Y es que es una versión mía que no calcula, que no anticipa, que no siente, que no diseña estrategias, que solamente actúa. Y perdóname si esta versión de mí, esta misma versión que tú me haces sentir, te desagrada o al final te incomoda, o me hace parecer algo insistente en toda tu vida, pero es que en honor a la verdad, cuando estoy contigo no puedo comportarme de una forma muy normal.
