lunes, 29 de noviembre de 2010

DORMIR CONTIGO

Adoro los días en que duermes conmigo. Porque al tenerte a mi lado me siento fuerte y las ansias se van. Las dudas desaparecen con el frio de la madrugada, porque estas a mi lado, porque tu cuerpo calienta el mío. Entre sueños me pierdo y me alejo, pero al sentir tus manos tocando me pecho regreso de lo más profundo de mis sueños y me adhiero a ti, sintiendo como calientas mi alma y envuelves mis sentidos. Dormir contigo es como sentir como se desliza por mi cuerpo el rocío suave y delicado de la mañana, es como poder palpar tu delicada sonrisa de ángel, la cual alegra mis días y me convierte en el hombre más feliz de esta tierra. Dormir contigo me hace ser niño de nuevo, me hace saltar y correr por el aquel camino mágico, lleno de cuentos y hadas saltarinas, motivándome a pedir deseos y fantasear con poder tocar el cielo viajar en las blancas nubes. Dormir contigo me devuelve la pasión, el amor, la lujuria, y a la vez me llena de calma, de paz, de tranquilidad. Al dormir contigo siento como pasan infinitas ideas por mi mente, es como si millones de estrellas colapsaran en el universo, como si las estrellas fugaces no se extinguieran nunca, como si los recuerdos se perdieran entre tus cálidas mejillas, y al mirar tu boca me pierdo en tu encanto, siendo cómplice contigo en tu silueta de manos, porque me tienes prisionero de tus deseos. Y es que dormir contigo en toda una travesía, porque te abrazo y te aprieto a mi pecho, sintiendo como mi mente se va durmiendo ante la inminente llegada del sueño que me invade, y entonces me entrego a él, sin resistencia, sin luchar, porque sé que estoy a tu lado y que pasare toda la noche durmiendo contigo.

jueves, 25 de noviembre de 2010

LAMENTOS DE LA MADRUGADA

Entre sueños, delirios y la realidad que me ha tocado vivir, sentí mi propio lamento escondido, secreto. Como si estuviera recorriendo por aquel bosque prohibido, acompañado del susurro de una corriente de brisa que se mueve en todas direcciones sin un norte a seguir, sin un propósito que cumplir, caminando por aquella triste realidad que se ocultaba tras las hojas que caen en el cruel otoño. Y fue entonces que aquel remordimiento se adentró en mí ser, jugando a ser rey en aquel castillo que por un instante creí ser mío, teniendo a mis sentidos y emociones como simples vasallos de sus crueles intenciones, utilizando en mi contra mis propios pensamientos para hacerme sentir que al final nada tienes razón de ser. Sentí como recorría mi cuerpo provocando en mi confusiones y desilusiones amargas, como si tratara de asfixiarme y doblegarme ante sus intenciones, persiguiéndome hasta acorralarme al final del camino de mis días, como si fuera culpable por haber escuchado aquel secreto que desconocía y que, desafiando las fuerzas que lo mantenían oculto a mis ojos, a mis sentidos, decidí ser merecedor de esos secretos perdidos. Sentí como lloraba mi alma al no ser escuchada, como si tratara de descifrar la solución a esos problemas que durante mucho tiempo han perturbado la existencia misma, inquieta al no ver como se derrumbaba todo aquello que se había logrado con tanto sufrimiento y desdicha. Y sentí que mi alma, devastada por todo me abandonaba, como si se arrepintiera por haberme dado fuerzas, desilusionada por no haber sido escuchada, atormentada por los miedos que yo le infundía, dejándome sin aliento, sin fuerzas y sin entendimiento. Al final, cuando creí haberlo perdido todo, cuando mi ser mismo ya no aguantaba tanta aflicción, cuando mi conciencia había muerto, desperté, empapado de sudor, alegre porque todo había sido un sueño, pero triste al saber que había tenido un lamento de mi alma.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

AL DESPERTAR

Después de haberte buscado por tanto tiempo, sumergido en aquel laberinto olvidado, oscuro y frio, aquel laberinto sin vida por el cual perdí aquellos días felices en los que me arme de valor y decidí salir en tu búsqueda, segado a veces por la desilusión y el descontento por no encontrarte, llegando a creer que mi destino se había dictado por aquellas fuerzas escondidas y divinas, aquellas que escapan a nuestro conocimiento y nuestro entendimiento, porque se me advirtió cuando decidí bajar del aquel lugar inmortal, cuando decidí entregarme por entero a la humanidad, aquella humanidad que se transformó en una enorme laguna en la que me sumergía día tras día con el único afán de poder verte y tenerte. Finalmente soñé que te encontraba, que estabas ahí, frente a mis ojos, que finalmente te tenía en mis brazos, que tu respiración se ligaba con la mía y que ambos nos perdíamos en nuestro propio deseo y encanto. Entonces apreté tus manos, tan fuerte como el mismo viento en plena tormenta, y te besé tiernamente, sintiendo como humedecías mis labios como el rocío en plena mañana. Mientras te besaba mi corazón palpitaba de manera acelerada, como si quisiera salir de mi pecho y ser libre, y empecé a perderme en tus encantos, y la fantasía misma me cubrió con sus dulces delirios, llevándome al cielo mismo, recorriendo el camino largo que formaban las blancas nubes. Y cuando llego el momento de despertar, el momento decretado para la partida de aquel mundo mágico en el que te habías refugiado por tanto tiempo, note tu tristeza, tus ojos engrandecieron y una lagrima se deslizó por tu bello rostro, haciéndome caer el más profundo retardo de agonía que humano alguno haya podido presenciar. Y te fuiste alejando de mí, como se pierde la oscuridad de la noche ante la inminente llegada de la mañana. Cuando todo terminó, cuando creí haberte perdido de nuevo, entonces desperté y te encontré a mi lado, te aferrabas a mi pecho y entonces comprendí que el amor nos hace soñar, nos hace fuerte y débil a la vez, nos convierte en todo y nada, pero, sobre todo, nos devuelve la alegría y la felicidad y nos llena de bellas fantasías, y esto lo puedo decir a ciencia cierta porque fue exactamente lo que sentí cuando al despertar te vi a mi lado.

viernes, 19 de noviembre de 2010

TU OLOR AL AMANECER


Sin haberte esperado, sin saber que existías, has despertado en mí todo aquello que creí haber perdido en mis días perdidos. Sentimientos que me fueron robados, que fueron escondidos, ocultos a mi corazón, cuando decidí convertirme en un ser amargo, sin sentimientos. Y llegaste tú, encendiendo de nuevo la chispa que las frías brizas de las decepciones habían apagado, reviviendo en mí mis ilusiones secretas, devolviéndole a mi ser las emociones que durante dos largos años se ausentaron de mi alma. Has llegado a encender cada parte de mi ser, has dejado tu olor fundido en mi piel, haciendo que mis sueños ya no sean sueños, que las sombras ya no sean sombras, combinando mi respiración con la tuya. Porque me acostumbré a vivir mi vida sin pedir, sin exigir, porque perdí la faculta de ver lo bella que es la vida, Y TU me has hecho ver mi presente y olvidar mi pasado. Porque llegué a sentirme solo sin estarlo, desprotegido en alta mar, y de repente sentí tus brazos sujetándome de no seguir cayendo en el oscuro abismo que mi propia mente creo, sepultando los recuerdos felices de mi vida pasada. Al besarte siento como mi respiración se agita, al abrazarte siento como mi cuerpo se refugia en lo más alto de la cima, porque tus encantos y atenciones me han conquistado. Gracias por ser quien eres, porque tengo que confesarte que eres todo lo que buscaba y esperaba.Al despertar me di cuenta que no fue un sueño, un delirio de mis fantasías secretas y olvidadas. Estabas ahí, junto a mí, con tu bella sonrisa y tu mirada divina, capaz de doblegar al más fuerte de mis impulsos. Capaz de llevarme al rincón más profundo del cielo mismo y hacerme delirar entre mis fantasías y mis realidades. Ahí estabas, sin imaginar las innumerables ocasiones en las que soñé tenerte entre mis brazos, apretar tu pecho junto al mío, susurrarte al oído con voz suave y melodiosa que te amo, que eres lo más importante que me ha pasado en mucho tiempo, en toda mi vida. Y fue entonces cuando imagine apretar tu mano suave y tierna y recorrer el bello campo, como en aquellos días de otoño, aquellos días felices que cubrían mi vida y me llenaban de ilusiones, sí, recorrer la pradera y contemplar aquel jardín parecido al paraíso mismo, aquel jardín que crece a lo largo del camino infinito que se visualiza por tu ventana. Aunque muchas ideas recorrieron mi mente en esos fugaces segundos, debo de confesarte que en todos estabas tú, a mi lado, fundiendo tu ser con mí ser. Mientras me perdía en esos sueños e ideas en mi mente, tu rico olor me trajo de vuelta a la realidad, sentí como me abrazaste y te acercaste a mi oído, como si intentaras examinar mi silueta, buscando rastros en mi piel, en mi aroma, en mi ser. Al despedirme de ti me sobrevino la tristeza, la agonía y la tensión, porque te ibas de mi lado, dejándome solo con tu olor en mi piel, aquel que me hizo contemplar los sueños escondidos durante toda la noche, la noche que me regalaste y recordaré toda mi vida, porque, aunque no lo creas, tu olor y tu ser se quedó guardado en mí.

miércoles, 24 de febrero de 2010

REMORDIMIENTOS DEL ALMA

“Remordimientos de alma”. Quizás este sea el término que explique los cambios de personalidad que reflejan tristeza y angustia cuando se carece de una conciencia. El remordimiento del alma es un concepto más profundo. Sobrepasa la línea de lo racional y se convierte en un hecho o fenómeno inexplicable desde el punto de vista humano. Implica más que una conciencia afectada (si es que existe alguna conciencia). No es que se intente regresar al pasado en busca de una segunda oportunidad para remediar o evitar el hecho generador de tal estado de situación, sino que, es un estado caracterizado por la aceptación de las consecuencias que implicaron el haber actuado de tal o cual forma, y esto es lo que, desde mi punto de vista, lo hace ver como un hecho inexplicable. En un estado de remordimiento rutinario, las respuestas emocionales del cuerpo son producidos o emanados por un factor emocional llamado “conciencia”, pero, ¿Y si se carece de tal factor emocional? ¿Quién dicta las órdenes? En días pasados mi amigo FB por razones que no vienen al caso mencionar, se vio en la obligación de despedir a uno de sus empleados directos, acción que en un principio no resulto tan difícil para él, puesto que desde mi punto de vista es una persona que carece de conciencia. Al enterarse de las dificultades que este individuo paso producto del despido, mi amigo FB empezó a manifestar una serie de cambios emocionales que culminaron con la reposición del individuo a su anterior puesto de trabajo. El punto clave de la situación no lo constituyo la acción de reposición, sino, los cambios emocionales sufridos durante el proceso. Es por ello que digo que los remordimientos del alma son más profundos, son más complicados, más enigmáticos. Es un pesar cuyo origen no está en nuestra cabeza, sino en nuestro corazón. Es una aceptación de las consecuencias, sin que se quiera remediar el hecho. Es un padecimiento consiente, como si se tratara de una marca de nacimiento que se llevara durante toda nuestra existencia. Es un estado en el que no hay solución, o al menos no se contempla de manera consiente. Lo que me lleva a pensar que a veces es mejor tener conciencia, aunque no se quiera, porque al final, y solamente al final se afectara nuestra mente y no nuestro espíritu cuando se padezca de un remordimiento del alma.

martes, 20 de octubre de 2009

MIS DIAS PERDIDOS

A veces me pierdo entre mis olvidos, entre mis sentidos y mis recuerdos perdidos, cruzando el umbral de mis deseos y anhelos olvidados. Donde la soledad es como un castigo que me imponen aquellos que juegan a ser dioses en mi vida. Aquellos mismos que con gran osadía me empujaron a los brazos del viento frío de la madrugada, cuando el rocío se desliza por la tenue brisa cálida que se adueña de las horas perdidas, de los minutos tristes y abatidos que recorren la larga procesión hacia el final de su existencia, de mi existencia. Donde mis días no son días, si no sombras de mis sueños, como un sueño raro, llenos de tristeza y amarguras acompañadas de impotencia, al ver como la vida se gasta en mis días que no son días, si no laberintos rodeados de tristezas, las cuales me invaden y me causan amargura. Y hoy, al cabo de tantos y perplejos años de errar bajo la luna, me pregunto qué fuerza misteriosa escondió mis sueños y mis deseos más secretos, como el castigo que se inflige a los que sin poder alguno desafían a lo desconocido. No porque sienta que mi vida se ha acabado, sino porque me siento cansado, me siento solo, triste, al ver como a otros se le concede el secreto divino que se oculta bajo el mismo sol, y que sin esfuerzo alguna se les concede el poder descifrar los misterios de la vida que realmente es vida. Porque mis días no parecen tener fin, porque me siento solo sin estarlo, porque la alegría se fue de mi vida y mis momentos se han vuelto amargos, carente de rasgo alguno de felicidad. Como si mis quejas fueran opacadas por el eco de mis propios lamentos, como si tras cruzar por el umbral se borrara aquel camino que me llevaría al mismo cielo. No porque mis días pasados fueran mejores, sino porque ya no tengo días, solo tristeza y amargura. ¿Y si hubiera decidido no desobedecer a los que me advirtieron lo que pasaría si descendía de mi lugar santo? Quizás mi vida si fuera vida y no tristeza, quizás mi alma dejara de rogar ser perdonada y el llanto que cae al vacío infinito dejara el sonido del llanto de mi triste recinto sellado.

miércoles, 16 de septiembre de 2009

TRAICIONADO POR MI PROPIA ALMA

Sin poder evitarlo te siento, como en aquellos días que se vuelven fríos y a la vez cálidos. Siento como recorres mi cuerpo, como te acuestas junto a mí cuando me sorprendes desprevenido en la oscura noche, abatido y cansado de vivir una vida de mentiras y fantasmas, una vida fuera de mi propia vida, bajo el sonido del silencio y las sobras ocultas de las mismas sombras. A veces me pierdo entre lo real y lo fantástico, como si cayera en un sueño lento y acalorado que me seduce y anestesia mis sentidos y me transporta al dulce karma de tu inesperada presencia, que día tras día regresa sin ser llamada. El sudor en mi cuerpo, la brisa tensa que se escurre por la ventana, delata tu presencia y te escondes tras la puerta, jugando a hacer como el viento, que solo se siente y se percibe por sus suaves ráfagas, como un torrente nebular que despliega una corriente de aire que congela y frisa mis sentidos, que me envuelve y me hace girar hasta el cansancio mismo, provocando mis repetidos e interminables delirios a media noche. Y cuando mi alma está en reposos, entonces te vuelves invisible y tu silueta se desvanece de detrás de la puerta y sin notar tu presencia te acercas despacio a mi pecho como si trataras de robarme el poco aliento que me queda, aquel que decidió seguir viviendo junto a mí, aquel que prometió darme las fuerzas para no revivir nuestra vida juntos, aquel que me inspira a no pensar en aquellas emociones malditas y prohibidas, condenadas por mi espíritu y desterradas al lugar oscuro e infinito de mis emociones y mis deseos no cumplidos. Entonces, entre sueños y delirios me hipnotizas y al no poder robarte mi alma la escondes, la ocultas, la alejas de mí, y cuando mis fuerzas casi me abandonan y notas que estoy a punto de morir, la traes de vuelta y me dejas perdido en mi propio trance, como si trataras de castigarme por haberte dejado partir cuando rompimos la regla sagrada del amor eterno, cuando mi mente dejo de pensar en aquellos momentos que son inolvidables, abatida por aquellas olas que desafiaron las leyes naturales y sobrepasaron los límites de la cordura y lo normal. Y cuando creo haber terminado con aquel sueño hecho realidad, término parado sobre la frágil línea que divide nuestras vidas, contemplando como ríes ante mis debilidades, viéndote partir después de haber comprobado, una noche más, que cuando mi cuerpo duerme mi alma me traiciona y te sigue, seducida por tus mentiras y encantos.

lunes, 10 de agosto de 2009

COMPLEJIDAD HUMANA: ADAPTACION

A pesar de ser instruido durante toda mi vida bajo doctrinas esotéricas, llegando incluso, a conocer las raíces culturales derivadas de la filosofía, la religión y el arte, superando por completo las enseñanzas y tradiciones de las sociedades secretas, tengo que admitir que la complejidad humana siempre ha resultado ser como una especie de enigma para mí: fascinante y a la vez complicada. Lo fascinante radica en lo inestable que puede ser, y la complicación resulta de lo impredecible que se puede llegar a ser bajo un sin número de circunstancias escénicas. ¿Qué es lo que impulsa a la gente a comportarse de una u otra forma en las diferentes circunstancias de su vida diaria? Un día sonreímos y al otro maldecimos. Un día creemos haber encontrado a alguien especial y de repente, por no recibir repuestas, desechamos la idea, sin percatarse, a veces, que más que una indecisión, es cuestión de percepción. A veces solemos molestarnos por no escuchar un “Discúlpame”, pero ¿Qué relevancia tendría esto si al final se conocen bien las intenciones? He conocido personas que muestran afecto o respeto, aun sin conocer rasgos físicos de otra persona, no recibiendo la misma acción por parte del individuo en cuestión, y es que la complejidad humana sobrepasa todo entendimiento originado por las neuronas. Alguien hablaba, o, mejor dicho, cuestionaba acerca de la acción de "Fingir para impresionar”, aun cuando esto supone ir en contra de nuestros propios gustos y patrones determinados de conducta, haciendo hincapié no en la mera acción del comportamiento, si no, haciendo alusión a las razones que conllevan al individuo a tal acción. No es que "Los patrones personales están constituidos a base de complacencia", es que todos, en algún momento de nuestra vida, sin excepción alguna, hemos tenido que jugar a ser personas diferentes, ya sea para impresionar o ganarse a alguien. Es como una especia de sufismo, como si se pretendiera primero, tomar el camino que purifica el espacio donde se concentra el espíritu humano interno, y luego, aventurarse a lo que se puede lograr una vez que este realizada la jugada inicial. Es cierto que a veces, solo se engaña uno mismo, pero de no ser así, ¿Cómo llegar a satisfacer la ansiedad de convertirse en espía de un circulo diferente al nuestro?, cuestionaba la misma persona. Sin lugar a dudas, que no sería posible de no ser por la acción de fingir gestos y gustos determinados. A veces no es cuestión de fingir ciertas acciones, más bien, se trata de adaptarse a determinadas circunstancias. Es posible que a una persona le cueste mucho manifestar un sentimiento de afecto o cariño, ya sea por factores familiares o sociales. De repente conoce a otra persona que demanda los afectos propios de una relación de pareja, y entonces se empieza a pretender demostrar que se puede expresar el cariño a través de ciertas acciones que irían desapareciendo a medida que la confianza se afianza en el noviazgo. Lo que trato de expresar es que, a veces no es cuestión de fingir, sino de adaptarse al medio que nos rodea en un determinado momento, aunque se piense lo contrario. No estoy de acuerdo con la idea de que “la capacidad extraordinaria que tenemos para adaptarnos a lugares, situaciones y circunstancias nos hacen colapsar cuando nos llevan al extremo, o cuando nos sacan de nuestro ambiente”, porque al final de una u otra manera, siempre terminaremos interactuando fuera de nuestro circulo, tratando más bien de adaptarnos a los gustos ajenos, mas no fingiendo.

lunes, 3 de agosto de 2009

UNA TAZA DE CAFE A LA MEDIA NOCHE

Al final, después de unos largos e interminables minutos, en busca de una excusa, decidí hacer como una especia de acto de aparición sorpresa en aquel lugar mágico. Como si pareciera un deseo concedido por un hada a la media noche. Pero lo cierto es, y haciendo honor a la verdad, que no la necesitaba, porque de repente, a veces, solo basta con querer hacer algo y del resto se encargan las casualidades de la vida. De repente estábamos ahí, frente a frente, sentados en la sala en la pequeña mesa de cristal, contando historias, anécdotas de nuestras vidas, como si quisiéramos enviar códigos, mensajes a medias, patrones de conductas, gustos y creencias disfrazadas de cuentos de hadas. Mientras me hablaba no pude evitar perder mi mirada en su rostro, observar lo hermoso que se veían esos ojos vivarachos, inquietos y veloces, que se movían de un lado a otro, provocando en mí el más intenso y apasionado de los morbos. Estábamos tan cerca el uno del otro que sentí como su respiración acariciaba mi rostro, mis labios, humedeciendo por completo mi boca, mis deseos, mis pasiones. En aquel recorrido visual me detuve en sus labios carnosos sin poder evitar fantasear con perderme en ellos tan solo por un instante. De repente, mientras escuchaba sus palabras, volví al pasado, a los días de la efímera felicidad, de risas y de alegrías fugaces. No es que de repente vi pasar toda mi vida delante de mí, como me ha sucedido en otras ocasiones, pero si pude contemplar y detenerme en los momentos felices que en uno u otro momento han protagonizado ciertas escenas de mi corta vida, como si alguien superior a los humanos me estuviera enseñando la valiosa lección de no dejar que los miedos y los fantasmas ocultos del pasado sobrepasen las ganas de seguir adelante. Mientras fantaseaba con su pelo, con su nariz, olvidando por completo la realidad en la que estaba, escuche su voz, como si se tratara de un eco que va perdiendo fuerzas a medida que se desvanece en el vacío: “¿Lo prefieres frío o caliente? ¿Una o dos cucharadas de azúcar?”, me dijo, mientras tomaba la cafetera en la mano. Me quede frisado y mi reacción por poco y me delataba y es que no soy amante a la cafeína ni mucho menos, pero por un instante había olvidado que precisamente esa había sido la excusa inventada que justificaba mi presencia en ese lugar y en ese momento maravilloso. Y lo cierto es que, al ver como su boca se ligaba con aquella taza llegue a sentir envidia, envidia de aquella taza que se frotaba con sus labios, con su aliento, con lo dulce de su paladar, envidia de aquella escena que recordare durante toda mi vida, cuando a media noche, deguste “Las mejor taza de café que he bebido en toda mi vida”.

lunes, 27 de julio de 2009

CATARSIS A MEDIA NOCHE

A media noche, cuando las corrientes de aire que se deslizaban por las paredes de mi habitación empezaron a tornarse pesadas, y el susurro de la luna había sido opacado por los destellos luminosos de las estrellas que apuntaban a mi cama, te sentí recorrer mi cuerpo, quizás en busca de algunos recuerdos que dejaste aquel día, creyendo que podías volver en cualquier momento o quizás fue solo por olvido. Mi respiración agitada delataba tu presencia, y el ritmo acelerado de los latidos de mi corazón marcaban tu largo e interminable recorrido dentro de mí. Buscabas respuestas, razones, verdades, como quien trata de convencerse de las realidades que se muestran ante nuestros ojos y que difícilmente aceptamos con tan solo verlas. Note tu preocupación, tu angustia, tu aflicción, al cruzar de un sitio a otro, como si tu búsqueda se convirtiera en un laberinto infinito, tratando de disimular la decepción que te provoco no encontrarme en estado en que me dejaste. Sentí como tus manos trataban de acariciar mi rostro, resultando imposible atravesar la barrera del tiempo y el olvido, tratando de humedecer tus labios junto a los míos, obteniendo solo reproches, tratando de abrigarte en mi pecho y sentir mi calor, obteniendo solo rechazo. Y subiste a mi mente, tratando de confundir mis pensamientos, de chocar con mis ideas, de introducirte en mis recuerdos, reviviendo los momentos en que heredaste mis ideas, mis pensamientos, mi amor. Y recordé aquellos días, donde jugabas a ser Dios con tus influencias, con tus tretas, con tus mañas, y entraste en un estado de confusión, como cuando se nubla el pensamiento y empezamos a ver sombras, visiones y sucesos sin relevancia ni explicación. También note tu tristeza, tus lamentos, en tu recorrido hacia el final de tu existencia en mí. Y fue entonces cuando te detuviste en mi corazón, como si supieras que aquel lugar seria tu salvación, esperando encontrar la razón por la que seguirías formando parte de mí, en busca de nuevos rastros de amor, buscando huellas de sentimientos guardados, arraigados en lo más profundo de mi ser, como quien aprende una enseñanza paralela interior o esotérica que se daba únicamente a los que se reputaban moral y espiritualmente merecedores y personas maduras para recibirla, y al final, note tu regocijo, al darte cuenta de que me he vuelto un ser vacío, melancólico, carente de rasgos sublimes a las reacciones de los mortales, como quien se desvanece con el rocío de la madrugada al comienzo del día, como un deseo fugaz que desaparece ante la materialización de los sueños perdidos. Y mi espíritu, ante tu alegría, se intranquilizo, sintiéndose traicionado por mis emociones, asustado por mi impotencia, decidido a paralizar mis sentidos y mis deseos, obligándote a salir contra tu voluntad, sin dejar rastros, ni sombras, devolviéndome mi alivio, mi paz, mi tranquilidad, después de experimentar mi catarsis a media noche.

lunes, 20 de julio de 2009

COMO UNA SOMBRA DE NUESTRA PROPIA SOMBRA

No soy de esos chicos que viven aferrados a circunstancias y motivos de la vida pasada, pero al igual que todo ser humano que vive sobre esta tierra, tengo mis demonios y las sombras que día tras día secuela mis trágicas parodias a las que a veces y solo a veces llamo vida. Aunque a veces las respuestas a las interrogantes que nos planteamos provienen de nuestro propio interior, jugando a creer que a veces las paredes y los susurros del viento, que todo lo observa, se deslizan por nuestro cuello y nos concede el don de poder descifrar hasta los más enigmáticos acertijos, termine ante su presencia, rompiendo las promesas que les hice a mis emociones, a mis principios, sin importar las promesas que me hice a mí mismo de no volver nunca en la vida a recurrir ante su rostro, para escuchar sus divinas palabras, para revelar ante él mis miedos ocultos, y terminar con las secuelas que se han venido repitiendo una y otra vez ante mis ojos, como una especie de Dejabu o sueño místico. “¿Qué es lo que te atormenta?” me dijo, invitándome a comenzar mi historia, como si supiera de antemano cada detalle, cada rasgo minucioso. Había algo en sus palabras que me atemorizaba, como si sintiera una amarga sensación de un presagio que abordaba mi mente por desobedecer las leyes sobrenaturales que rigen mis actos, los mismos que a veces me obligan a cumplir mis promesas, recordándome en todo momento las consecuencias desastrosas que provienen de intentar compartir mis secretos profundos, sin importar que se trate de alguien conocido como un Dios. Como cuando te pierdes y te ahogas en lo más profundo de una noche acalorada, pidiendo a voces que alguien te rescate, contemplando solamente los débiles sonidos que se van perdiendo en el mismo sueño. Había una corriente de aire tibia que circulaba por las cuatro paredes de la habitación, solidificando las gotas de sudor que colgaban en mi frente, amenazando con caer al vacío y delatar mi estado de nerviosismo, como si algo o alguien estuvieran presente, en espera de las revelaciones que permanecían ocultas en mi caja de pandora y que oído humano jamás han escuchado. Mientras le contaba mis miedos, mis sombras, me perdí en una mirada fija por la ventana, sin poder evitar navegar por unos segundos en el cielo que se revelaba ante mí. No había nubes, ni estrellas. La luna se ocultaba detrás de su silueta, de su sombra, de su pena. No había ruido, no escuche voces ni presiones esta vez, diferente a la última vez que recurrí a él en busca del significado de los tormentos que agobiaban mi mente, cuando se revelo ante mí como el Santo Oscuro. Al terminar de contar lo inmencionable, sentí que se formaba un nudo en mi garganta. No por haber desobedecido a los Dioses, al compartir con él los secretos que se perderían en mi mente con el olvido y el tiempo, si no, por ver su rostro, por contemplar su silencio, como quien medita y procesa todo para luego enunciar una ley que humano alguno no podría cumplir sin la ayuda de quienes dictan las reglar de la vida. “La felicidad, a veces, implica dejar atrás todo lo que nos hizo feliz en una etapa pasada. Ser feliz implica no ser cobarde y decir las cosas que se deben decir, sin importar que al colgar nos desvanezcamos en llanto y nos ahoguemos en el sufrimiento momentáneo. Ser feliz significa dejar los miedos del pasado y abrirse a nuevos retos, a nuevos miedos”, me dijo, como si se tratara de una regla de oro que tendría vigencia por los siglos de los siglos. Entonces y solo entonces, pude ver más allá de mis ojos y contemplar el secreto que permanecía oculto frente a mí, comprendiendo el significado de sus sabias palabras, y pude darme cuenta que el amor, el sentimiento y el miedo del pasado, no pueden convivir con nuestras emociones presentes, ni mucho menos ser sombras de nuestra propia sombra.

martes, 14 de julio de 2009

SOÑAR DESPIERTO

Después de casi un año sin vernos nos encontramos por pura coincidencia del destino. No soy de esos chicos que suelen encerrar las experiencias negativas de la vida en la mística caja de Pandora, pero después de tanto tiempo sin vernos, hasta los recuerdos, buenos o malos, terminan siendo enterrados por el olvido. Aunque siempre trato de ser yo mismo, me vi en la necesidad de fingir inocencia al tratar de pasar desapercibido sin que sus ojos lo notaran. “Muchacho cuanto tiempo, estas bien perdido”, me dijo, mientras yo intentaba poner una cara de asombro ante aquel reencuentro fortuito, que más que placer, me producía desesperación. Al ver su rostro intente recordar los rasgos comunes que me motivaron a formalizar nuestra relación pasada, y al decir verdad, no creo haber conservado momentos gratos de esa relacion, pues nunca los hubo, pero siendo justo, y en honor a la verdad, creo que fue su humildad y sencillez lo que nos enlazó por casi dos años de relación. “Me imagino que tienes pareja”, me dijo, con un gesto sarcástico y hasta medio burlón, mientras caminábamos por una calle, que, de no ser una broma de mis ojos, parecía interminable. “Lo cierto es que a mí me ha ido de maravillas en la vida, desde que decidí terminar contigo”, prosiguió su recital, olvidando por completo que fui yo quien decidió poner fin a aquella travesía que solo se ven en las películas ciencia ficción. “Ahora tengo un novio muy lindo. Nos vamos todos los fines de semana para un Resort en la Jeepeta que compre hace unos meses. Vivimos felices en mi apartamento en Gazcue y creo que pronto nos mudaremos en otro apartamento más amplio y cómodo. Cuando viene a ver a ti también te ira igual, aunque la verdad es que soñar no cuesta nada”, concluyo su sermón, con una risa maquiavélica, de esas que suenan como muahahaha, como si tratara de convencerse de todas sus historias más que a mí mismo. En situaciones normales me hubiera quedado callado ante tales oraciones yuxtapuestas, pero me rechinaban los oídos, y eso para mí es una señal de mal agüero. “Qué bueno que te esté hiendo tan bien la vida”, le dije, mientras me dejaba guiar por esa voz tan mía que se apodera de mis pensamientos ante tales situaciones. “Recuerdo haber alabado tu sencillez y tu humildad durante los dos años que pasamos juntos, pero lo cierto es que, no sabía que tenías la habilidad de soñar con los ajos abiertos. Si me hubiera dado cuenta en aquel momento de que poseías tal habilidad, créeme, te hubiera apreciado más y quizás no te habría terminado”, concluí, sin más nada que decir. La verdad es que no recuerdo si dijo algo más relacionado con sus fantasías y sueños, porque en lo que a mí respecta, solo llegue a escuchar unos monosílabos como um, eh, ah, como si tratara de decirme algo más, y yo, aunque no poseo esa maravillosa habilidad de soñar despierto, tampoco soy bueno en descifrar fonemas y palabras a media.

jueves, 9 de julio de 2009

NUESTRO SECRETO DE AMOR

Si supieras que cada noche, cada madrugada, jugamos a ser felices en mi cama. Y al tenerte frente a mí, me pierdo en esa mirada tan franca, que emanan de tus ojos cuando me acerco a ti, cuando susurro palabras en tu oído y me deslizo por tu cuello, como quien se sujeta de las nubes y palpita el mismo viento. A veces impaciente por tu lenta llegada, me inclino hacia la ventana para observar tu frágil silueta que aparece de repente junto a mi sombra. Entonces me invitas a ligarme junto a tu cuerpo, fusionándonos en un solo ser, en una sola alma. Si supieras que en estos días has hecho una morada en mi corazón, que nos hemos perdido en el silencio de la noche, a oscuras, donde me muestras tu ternura, tu esencia cargada de una chispa que me enloquece, donde dejas tus reglas y los patrones de conductas dictadas por las fuerzas invisibles que envidian tu belleza, y te abandonas a lo desconocido, a las cosas sin razones, a nuestra lujuria. Si supieras que cada noche vienes a mí y te refugias en mis brazos, te abandonas a mis caricias, a mis encantos y me sujetas con ternura, con pasión, haciéndome llegar hasta la cima de lo prohibido, y entonces, sin ninguna resistencia, me pierdo en tus labios, en tus besos, en tu semblante virgen, humedeciendo mi boca con tus dulces labios, entregándome por completo al escalofrío que me produce tenerte junto a mí. Sí, empiezo a temblar, el placer se apodera de mí y me quema como una llama en plena esencia. Si supieras que cada noche espero con ansias tu aparición, como una especia de cita puntual, prohibida para los demás, como un rito de derroche, de placer. Entre besos, caricias, pasión, deseo, me transportas al mismo cielo. Al final te vas y desapareces entre la silueta de la cortina, dejándome exhausto, empapado de sudor y de lujuria. Al hablar contigo sonrío al ver que no recuerdas nuestra experiencia nocturna. Como si los mismos dioses se encargaran de traerte a mi cuarto en una especie de burbuja mágica, inmune a los recuerdos, a tus sentidos. Si supieras que a veces me pregunto qué harías si pudieras recordar que cada noche, cada madrugada, te tengo en mi cama, en nuestro secreto de amor.

martes, 23 de junio de 2009

UN SUEÑO ANGUSTIOSO

Anoche tuve un sueño muy angustioso. Tuve visiones y se descifraron ante mí muchos secretos. Vi como los Dioses, en su ímpetus y soberbia, como quien hace alarde de su poder, desobedecían mis órdenes y te regresaban a mí. Todo fue tan claro para mí, recuerdo todos los detalles con gran precisión, como el día que descendí de los cielos mismos y me hice mortal para entregarte mi alma y abandonarme a tu lujuria, haciendo caso omiso a las advertencias de aquellos que predecían mi caída y mi ruina por abandonar la morada de los que no entregan su alma, que solo contemplan el sufrimiento de los mortales y que dictan las reglas para que el sueño de los humanos nunca termine. Note que conservabas tu brillo, tu belleza, tu risa y tus encantos, como aquel día, cuando en contra de mi voluntad, selle tus últimos recuerdos en los oricalcos, y jure que jamás los liberaría de su eterna prisión. Estabas ahí, junto a mí y me agarrabas de las manos, olvidando el pasado y empezando de nuevo, como cuando te acuestas en una noche de perturbaciones, deseando que amanezca pronto para que el silencio de la madrugada oculte las preocupaciones, recorriendo el camino que yacía olvidado por las amarguras y los rencores de mi corazón. Parecías tan real, ver al olvido devolvernos nuestras vivencias, nuestras ilusiones perdidas, nuestros recuerdos olvidados, aquellos que el viento se había llevado junto con el roció de la madrugada, esparciendo las cenizas por todo el universo. Ante el oráculo de Delfos sentí como me invadía una tensión, que se respiraba en el entorno, aunque para ti pasaba desapercibida, como si aún conservara parte de las habilidades que el mismo infinito me había otorgado en los días de mi gloria, cuando desde la morada de los inmortales contemplaba las debilidades de aquellos que como títeres vivían de manera rutinaria en la tierra, no sabiendo que seres superiores a ellos se mofaban de sus estupideces. Después de escuchar sus sabias palabras, de repente, contemple como de una manera triste ambos enterrábamos nuestro amor, nuestras ilusiones, aquellas que sobrevivieron a la guerra eterna del olvido y el perdón, Juntos ante la tumba de nuestras pasiones, y contemple tus lágrimas, vi como el llanto salía de tu pecho provocando que tus manos temblaran, como tratando de explicarme las razones que te arrebataron de mí, como si algo o alguien controlara tu mente y tu ser y te arrastrara hasta el lugar al que yo mismo decidí enviarte. Entonces te fuiste desvaneciendo con el viento ante mis ojos, observando como tu silueta se perdía ante el ruido del llanto que se había quedado alrededor nuestro. Me quede inmóvil, paralizado ante tu segunda partida, creyendo que una fuerza del más allá me impedía agarrarte de los brazos, posponiendo tu partida. Y fue entonces y solo entonces cuando comprendí que más que una fuerza desconocida del más allá, era un pesar que emanaba desde mi propio ser, deseando verte partir, sin remordimientos, dejándote libre para seguir tu camino hacia tu destino incierto. Entonces, cuando ya no estabas, cuando se acabó la magia, desperté empapado de sudor, sintiéndome feliz entre la amargura y mi tristeza, porque, aunque a veces mi realidad converge con mis delirios y fantasías, me di cuenta que solo fue un sueño angustioso.

lunes, 15 de junio de 2009

ME PARECIO ESTAR EN ITALIA

La verdad es que no soy de esos tipos complicados que siempre llevan un manual sobre qué y cuándo comer. No por considerarme un chico glotón (esa es otra historia), sino porque me encanta comer y disfrutar de los exquisitos platos que ofrece nuestra gastronomía popular. Aunque no suelo complicarme a la hora de elegir un sitio o un plato, hoy me resulto un poco difícil la decisión, como cuando uno se levanta con el ruido del despertador, con los nervios de punta a las 7 de la mañana con un sueño terrible, ante la disyuntiva de: "me baño o no me baño", como "ser o no ser". Fue entonces cuando recordé las sabias palabras de un amigo: "Este es el siglo de las NO complicaciones" por lo que decidí salir a comer fuera de la oficina y así resolver de manera sencilla lo que en un principio aparentaba ser un enigma que me llevaría años en poder descifrar, como cuando por razones inexplicables me decidí buscar el secreto de la eterna felicidad. El sol brillaba de una manera muy diferente ese día, las palomas volaban de un árbol a otro con finas ramas de olivo en sus picos, se podía percibir un olor a frescura en el aire que solo el bosque propiciaba y entonces me topé con Alicia en aquel mundo de..........., Discúlpenme, creo que me perdí en la historia. Al salir de la oficina ya me había decidido mentalmente a almorzar con una batida de lechosa y un rico sándwich de pierna de esos que venden en "Buen placer", entonces me topé con ese lugar. Me sorprendí mucho al verlo de frente, porque, aunque suelo pasar por ahí todos los días no me había percatado de su existencia. No sé si fue el aroma, o el trato gentil y amable que supuse recibiría de una joven elegante que estaba parada en la puerta, lo que me motivo a entrar, como cuando tuve mi primera experiencia sexual y no sabía lo que hacía ni lo que podía hacer. Al entrar me pareció haber entrado a un universo paralelo a mi realidad. Gente elegante a mi alrededor, un rico aroma a vino que me volvió loco por completo (me encanta el buen vino), mesas decoradas al estilo Miguel Ángel y todo un repertorio de cuadros de Picasso. Me senté en una mesa frente a la calle, contemplando el diario vivir de la gente que cruzaba frente a mis ojos y una música de fondo que me remonto a los años de Mozart y su retórica para los amantes a la buena música, inspiración que resulto interrumpida por una voz suave y melodiosa: "Buon pomeriggio, signore. ¿Sono in grado di servire voi?". La verdad es que, aunque no se hablar italiano, logre descifrar por sus gestos y el menú que me colocaba encima de la mesa que ya era hora de terminar con el carma que había empezado en tempranas horas de la mañana. Me decidí por un plato conocido, para no cometer el error de pedir algo que al final no me puedo comer. Un rico plato de Raviolis con carne, panecillos al horno, una salsa desconocida, y una buena copa de vino blanco fue todo lo que necesite para darme cuenta que no se necesita ir a Italia para disfrutar de un buen almuerzo.

miércoles, 10 de junio de 2009

PREGUNTELE A MI ESPOSA

Luego de varias dietas inventadas y otras sacadas de Internet, con nombres en ingles difíciles de pronunciar con eternos retardos de sacrificio inhumano y estrictas rutinas de ejercicios, de las cuales yo mismo fui participe, haciendo honor al contrato de amistad que nos une de por vida, complementadas con ropitas ajustadas y a la moda y bebidas light especiales para gimnastas, mi amiga yocaira logro por fin el cuerpo que tanto deseo, y que le pidió a Dios en sus largas secciones de oraciones nocturnas. Cero grasas abdominales, piernas y muslos firmes, trasero bien distribuido y unos enormes pechos que resaltaban por encima de la blusa, como en un pleno afán por liberarse de una opresión que alguien o algo les había infringido durante toda una vida. No solo registro cambios significativos en su forma de vestir, ya que ahora usa ropa más ajustada y provocativa, sino en los niveles de exigencia a la hora de escoger al agraciado con quien compartirá temporalmente sus regulares salidas de corte social y sensual. Como además de mucho aprecio, nos tenemos una gran confianza, fue ella mismo quien me contó toda la historia, la trágica historia que la atormentaba, con el pecho pletórico de orgullo por lo que supondría una gran hazaña para ella. “¿Te acuerdas de Aramis?”, me dijo. Y claro que lo recordaba, porque el pobre muchacho tenía una pinta de buena gente que llamaba poderosamente la atención, y esto, obviamente, hacía de él un chico difícil de olvidar. "Hoy precisamente cumplimos 1 año de casados" me dijo, como si más que estar feliz por su vida de romance, me estuviera mandando un meta mensaje, camuflajeado de risas y alegrías. “La verdad es que ya no sé qué hacer. Últimamente ha desarrollo una tendencia a engordar de manera descomunal. Creo que ha aumentado casi el doble de peso de cuando nos conocimos, y eso es mucho que decir. Pero lo más fuerte de todo esto es que no para de comer de noche. Siempre lo escucho en la nevera, devorando todo, sin poder acercarme a él, porque de repente hasta mi termina comiéndose. Definitivamente, tendré que ponerme fuerte con él", concluyó su sermón, sofocada por la inmensa cantidad de calorías que perdió en su enfática narración. Aunque siempre he sabido que para Yocaira, luchar por el mantenimiento de la planta física de sus amores y amigos es una de sus principales responsabilidades humanitarias, no pude evitar que me diera risa imaginar tal escena. Ellos dos sentados en un restaurante, al que gentilmente, me imagino que, ella lo habría invitado, puesto que además de controlarle la vida también le controla el efectivo, dando la impresión de que ella es la única que trabaja en la casa. El subyugado Aramis recibiendo la prueba de amor más grande que mujer alguna le pudiera dar. Ella pidiendo para sí salmón a la plancha con alcaparritas y vino blanco, aderezado con aceite de oliva y perejil, acompañado con unos panecillos al horno de entrada, y para Aramis, solo agua mineral, ignorando los deseos del joven que estaba sentado a su lado, como cuando Doku viene a mi pierna buscando las migajas de carne que comparte un amo con su fiel canino, y yo desconociendo las reglas absolutas que rigen tal ciclo humano-canino, termino solo echándole un "Sio, sio". Como plato fuerte, no vale la pena detallar lo que me imagino que pediría para ella, pero para su acompañante una ensalada de recula con aceite de oliva y una pizca de sal. Y lo más chistoso me lo imagino para el final de la velada cuando el mozo le pregunte a Aramis " ¿Que le sirvo de postre señor?" y él, inseguro y sumiso, le diga: "Pregúntele a mi esposa".

lunes, 8 de junio de 2009

PARA COMENZAR DE NUEVO

Aunque el autoanálisis no es una de mis terapias favoritas, finalmente derrotado, tuve que recurrir a ella. Abatido por los sin sabores de la vida, sumergido en sus largas sesiones de sermones, donde la conciencia se cree la dueña de cada parte de mi ser y me obliga contra mi propia voluntad a obedecerle sin tener ninguna opción, ningún camino. Después de haberle jurado lealtad absoluta, humillado como un simple esclavo, tan solo por escuchar sus sabios consejos, buscando una salida a todo, como si mi vida dependiera de un frágil y delgado hilo, me dijo un extraordinario secreto: la clave para el olvido. Al escuchar sus sabias palabras, como si se tratara de la eterna cura a todo mal que se le infringe al corazón, me di cuenta que no eras tú, sino yo. Que nunca dependió de ti, sino de mí. Que siempre estuvo ahí frente a mis ojos, y que solo se necesitaba valor para afrontarlo. Y hoy, después de tanto tiempo a tu lado, después de haber recorrido fielmente tu camino y no el mío, de pensar en ti más que en mí, de defender tus ideales olvidando los míos, he decidido perdonarme y darme una oportunidad. Perdonarme por haber gastado mi vida en ti, por haberme dedicado a tiempo completo a tus caprichos y desvaríos. Perdonarme por haber cometido el pecado imperdonable al creer que serias un ser eterno en mi vida. Por haberte llevado a lo más alto jugando a ser Dios, creyendo que todo lo podía, que todo lo obtendría, tan solo por complacer tus deseos, tus caprichos, tus órdenes. Perdonarme por creer que siempre seriamos uno, en propósito, en pensamiento, en la vida. Perdonarme por las infinitas veces que jugaste con mis sueños, con mis ideas. Por la mil y una vez que llore, cuando intente buscarte entre los sonidos del viento cuando la noche llegaba a su clímax en los días del cálido otoño. Afanado tras de un susurro que solía venir a mí en mis sueños y en mis delirios, donde te buscaba insaciablemente, acariciando mi almohada creyendo que eras tú, que estabas ahí, que velabas mis sueños y me cuidabas de los temibles “Ardillotrodos” y de los implacables elfos que vigilaban nuestra cama, nuestro sueño, nuestro mundo, para devorarnos con ansias. Perdonarme por ser quien fui, porque, aunque nunca me he arrepentido de mis acciones, maldigo ante los dioses el día que te entregue mi alma, que te di mi ser, que nos unimos en un mismo cuerpo, que suspiramos el mismo aliento. Perdonarme por los años que se han ido, aquellos que no disfrute por pensar en ti primero, por creer que eras como el norte a seguir en una aventura en lo más profundo del bosque, dejando atrás la vida que pude haber tenido, dejando mis sueños y mis fantasías, sumergido en mi propia calma, ahogándome entre tus mentiras y tus cuentos, creyendo que nuestro castillo nunca se derrumbaría. Perdonarme por haber desafiado todo aquello que no comprendía, ciego y callado ante tus aventuras y tus infidelidades. No porque mi conciencia se halla cansado de verme abatido y vencido en las batallas finales de nuestra vida juntos, sino por mí, por lo que soy, por lo que nunca fui mientras estuve contigo. Hoy he decido perdonarme por no pensar en mí. Darme una oportunidad porque soy joven, porque la vida me sonríe dejando su silueta en mi ventana todas las mañanas, animándome a ser feliz, a perderme entre los encantos del amanecer, invitándome a recorrer sus más finos destellos de júbilo. Porque soy inteligente, porque desafíe a los dioses y me burle de ellos, saliendo ileso de tal osadía. Porque el mismo Zeus quedo hechizado ante mis palabras y mis gestos. Hoy, en este día, tus recuerdos se van con el viento cálido de la noche, con mis últimas lágrimas, con mi último aliento, esparciendo su rastro entre las nubes, hasta desaparecer en el cielo estrellado. Porque ya no puedo guardar tu corazón en aquel lugar secreto donde lo oculte, para que no te fueras nunca, para que no se lo entregaras a nadie, donde ni siquiera los dioses lo sabían de su existencia. Porque ya no más, porque quiero perdonarme y darme una oportunidad, es que le digo a dios a todos tus recuerdos y a tu amor.

sábado, 4 de abril de 2009

DARNOS UN TIEMPO

Ya no era la misma persona que conocí en los tiempos antes del tiempo, cuando las nubes eran de diferentes colores y la lluvia era tan densa que se deslizaba por la piel, como el rocío de la madrugada. Recuerdo los momentos felices que compartimos en estos tres años. Jugábamos a ser felices en castillos de tierras lejanas, donde yo luchaba con dragones y monstros de varias cabezas que amenazaban con destruir nuestro reino y terminar nuestra historia. A veces entrabamos al país del nunca jamás y terminábamos perdidos como Alicia en el país de las maravillas. En fin, después de todos estos sueños, el tiempo deja de ser tiempo y empieza a pasar desapercibido por nuestra vida, por nuestros sentidos. Dicen que el tiempo nos hace más fuertes y nos obliga a aprender de los errores del pasado, pero no entiendo que se puede aprender de los errores que se repiten una y otra vez, desafiando a nuestros propios instintos, como un círculo vicioso creado por nuestros hábitos y costumbres. "Realmente no sé qué pasa contigo, te noto diferente, ya no te reconozco", le dije, en un último intento por olvidar los sin sabores que he experimentado en estos últimos tres meses de nuestra relación, tratando de recordar a aquella persona que se perdía por completo en mis sueños, que corría tras de mí sin preguntas, sin preocupaciones, que me estimaba, que me amaba. "Últimamente he tenido muchos problemas, mucha presión, y la verdad es que ya no soy la misma persona. En la vida hay cosas que no podemos explicar, y aunque a veces duele, hay que seguir adelante tratando de resolver los inconvenientes que se presentan, y aunque es duro necesito arreglar muchas cosas", fue todo lo que me dijo, como si se tratara de ponerle un bobo a un niño que llora cuando tiene hambre, mientras yo trataba de buscar una explicación razonable a todo lo que me dijo, porque aunque en un principio me intrigaba su conducta, tengo que admitir que su respuesta a mi pregunta me dejo más confundido aun, perdido en el mismo mundo que creamos juntos, solo que esta vez estábamos ahí, de frente, sin haber ido a ninguna parte . "¿Qué es lo que propones?", le dije, mientras le explicaba las mil y una manera que teníamos para resolver los problemas juntos, como pareja que somos (o éramos), asintiendo un gesto de ternura, que quizás en otro momento hubiera sido suficiente para que termináramos en la cama. Fue entonces cuando vino la divina respuesta a todas mis interrogantes, como si Dios se estuviera apiadando de mi alma y me hubiera dado el don de descifrar el significado de la vida, o al menos de ese enigma que me atormentaba. "Creo que es mejor que nos demos un tiempo". En ese momento no recuerdo si dijo algo más después de eso, porque al igual que en otras ocasiones, no tan graves como esta, perdí mi capacidad de pensar, de oír, de sentir, de hablar, y me sumergí en nuestro pequeño mundo mágico. Al recorrer nuestro habitual camino en nuestro mundo ficticio, note que el castillo donde vivíamos ya no estaba, alguien había soplado y se había derrumbado. Vi que todas las nubes son de un mismo color, que los dragones no existen, porque después de analizar una y otra vez la escena, aquella situación, no he podido descifrar ni entender el significado de sus palabras, puesto que, desde ese momento hasta el día de hoy, aún no he podido volver en sí y recuperar todos mis sentidos.

lunes, 23 de marzo de 2009

EL SANTO OSCURO


Había un tono de sabiduría en sus palabras que resultaba imposible no recurrir a él para recibir los sabios consejos de una persona que, aunque solo tienes 24 años, parece poseer el don de descifrar todos los misterios y fenómenos inexplicables de la vida. Y aunque no soy de esos chicos que suelen contar sus historias a santos, sabios u oráculos, ya sea por sed de conocimiento o por culpabilidad, tengo que admitir que la fascinación por escuchar su interpretación a mi relato, como si se tratara de un sueño con números y enunciados enigmáticos, me llevo a sentarme a su diestra y revelar algunas de mis historias secretas guardadas en la mística caja de Pandora. Al empezar el relato algo raro sucedió, note que el aire se sentía mas denso de lo habitual, produciendo un ruido extraño, como si los Elfos, guardianes de la caja, estuvieran incomodo por romper mi promesa de dejar esos secretos ocultos. No se si mi mente me jugaba una broma pero me pareció ver como las nueves se reagruparon formando una especie de figura rara, como una clase de monstruo mitológico. Al no percibir ningún gesto de inmutación en sus ojos me di cuenta que todos esos sucesos pasaban desapercibidos a sus sentidos, como si yo fuera el único que podía ver tales cosas. Pese a las advertencias que emanaban de mi mente como una señal divina para que no prosiguiera mi historia, como si mi vida estuviera conectada con unos hilos invisibles a fuerzas místicas del mas allá, proseguí mi historia, desconociendo por completo su reacción. “Quien lo hubiera imaginado” me dijo, como si aquel misterio fuera del todo impredecible, “De las cosas que uno se entera en esta vida”. Al escuchar sus palabras pasaron infinitas ideas por mi cabeza, quede inmóvil, como en estado de parálisis. Tuve visiones, escuche voces, contemple el camino hacia el cielo, se revelo ante mi la cura del sida (lastima que a estas alturas no lo recuerdo), como si la toda mi vida pasara frente a mis ojos. “¿Qué hubieras hecho tú?” pregunte, preparándome para recibir lo que yo entendía que serian las palabras mas sabias de aquel que había recibido las respuestas a las interrogantes del significado de la vida. “Realmente hubiera hecho mas, porque a diferencia de ti, yo soy más cruel, y aunque no me pasan ese tipo de cosas como a ti, en cierto sentido las he experimentado”. No se que resulto ser mas confuso para mí, si el hecho de que él ya había experimentado lo mismo que yo o las razones que lo motivaron a actuar de una manera que sobrepasaba mis acciones, pero sus palabras finales contestaron todas mis dudas. “Soy como un santo oscuro”, me dijo, mirándome a los ojos, y fue entonces cuando comprendí su sabia lección, y termine dándome cuenta de que todos por mas santos que seamos tenemos un lado oscuro en nuestro interior.

lunes, 16 de marzo de 2009

ATRAPADO POR EL SELLO DEL ORICALCOS

Aunque me encantan esos cuentos de hechiceros antiguos, brujos, hadas y magia, debo admitir que no soy un fiel creyente de que la realidad a veces converge mezclándose con un mundo paralelo donde lo místico se convierte en real y lo inexplicable empieza a tener sentido. O al menos eso creía, puesto que ya no estoy tan seguro de distinguir la línea donde lo real se separa de lo imaginario o de lo ficticio. No logro entender el cómo ni el porqué. No recuerdo exactamente lo que cautivo mi curiosidad en el primer momento, ni mucho menos las razones que motivaron mi regreso, pero lo cierto es que desde aquel día no he podido dejar de ir ni de pensar en ello. Cada segundo que transcurre su magia me encierra y me atrapa más y más, sin que mis sentidos construyan algún tipo de resistencia. Es tan confuso que hasta los pensamientos se hacen borrosos, se mezclan con esa sensación misteriosa que pasaba desapercibida a mis sentidos, a mis instintos, producto del escepticismo que me caracterizaba antes de poder entender su gran misterio. A veces pienso que mi memoria me juega una broma, o como dirían algunos, una mala jugada, como cuando le rebatamos un caramelo a un niño indefenso, que solo llora al sentirse vulnerable. A lo mejor es su poder ancestral el que me impide remontarme al principio, a aquel momento en el que me hizo su esclavo voluntario, rompiendo todo esquema lógico en mi vida. Jamás imagine que desde aquel día sería un fiel sirviente de esa costumbre que hasta el día de hoy permanecían carente de toda razón creíble alguna, y que de no ser por las circunstancias de la vida seguiría oculta a mi entendimiento. En muchas ocasiones intente no ir, buscar alternativas, situaciones, tratar de no escuchar su voz induciéndome a regresar, todo por no dejarme arrastrar por su magia, por su encanto, por su fuerza, ganando en algunas ocasiones la batalla, pero perdiendo al final la guerra, regresando como al principio, sumergiéndome en sus sombras que reclaman mi alma una vez que llegue el final para ser sellada, atrapado en un largo abismo sin fondo, en un laberinto interminable. Pese a todo no puedo alejarme, su poder me llama, me encierra, me cautiva, incitándome a querer más. Sí, no tiene sentido luchar contra sus deseos ocultos, porque nada se puede hacer una vez que has sido atrapado por la magia del "Sello de Oricalcos.