Dicen que los duendes son seres de luz, espíritus de la naturaleza, que aparecen para ayudar a las personas en el momento en que más lo necesitan. Que se acercan a los humanos para brindar su ayuda ante una crisis existencial, o como diría yo, ante los problemas inquietantes y profundos del alma. Que son criaturas diminutas, en todo el sentido de la palabra, aunque poseen un corazón y un alma grande como los gigantes. Que les gusta los lugares ordenados y limpios, aunque dicen que nadie es profeta en su propia tierra. Que aman la armonía y odian las peleas, hasta el grado de que siempre terminan cediendo ante las discusiones y las exigencias de los demás, con tal de evitar esas acaloradas situaciones que por lo general siempre terminan en disgustos y amargos momentos, aunque esto suponga sacrificarse y asumir el anegable y eterno sufrimiento. Que no dicen mentiras, que odian que les mientan, aunque a veces se les olvida y ellos mismos hacen uso de aquellas “mentiritas blancas” con el fin de escaparse y poder viajar desde su mundo mágico del bosque donde viven al mundo cruel de los mortales con los cuales finalmente se han encariñado. Que aman los dulces y los caramelos, aunque nunca se les ha visto comerlos, quizás por temor a convertirse en seres más amables de los que son, o a convertirse en turrones dulzones y empalagosos. Que aman y se desviven por el vino, y sí que les gusta el vino, sobre todo si lo disfrutan en buena compañía, con música agradable ante la luz de la luna y las estrellas, mientras filosofan sobre sus vivencias, sobre sus hazañas de vida y la forma en que el mundo les ha pagado a pesar de ser seres tan buenos y bondadosos, seres sufridos e incomprendidos que solo viven para hacer el bien y ayudar a los demás. Que no tienen sexo ni género, por lo que se les puede poner cualquier nombre, siempre y cuando ellos se sientan a gusto con el nombre que elijas. Que son criaturas agradecidas, muy agradecidas, aunque a veces se les olvida el esfuerzo que los humanos realizan para agradarles. Que son criaturas mágicas que si los atrapas te conceden deseos, siempre y cuando prometas dejarlos ir nuevamente cuando ellos lo deseen. Que poseen una gran olla de monedas de oro, la cual siempre mantienen de manera oculta, a la que solo ellos tienen acceso, la que cuidan con celos, con amor y vehemencia, por lo que siempre regresan al sitio donde la escondieron, en el lugar más remoto donde termina el arcoíris, a vigilar que ninguna hada o elfo del mundo mágico se tope con la misma y se las robe, aunque esto suponga su desdicha, la causa de su sufrimiento eterno, porque a pesar de que en sus pocas andanzas por la vida encuentren algunos humanos que les brinden cariño, ternura y amor y donde es posible que puedan quedarse, olvidarse del sufrimiento del pasado y empezar de nuevo, al final y siempre al final sus apariciones son y siempre serán, de manera fugaz.
Bienvenid@. Ponte cómod@. Disfruta de mi espacio, de tu espacio. Mis vivencias, mis historias.......
jueves, 4 de marzo de 2021
jueves, 28 de enero de 2016
UN INTENTO MAS
Con más
de 20 intentos fallidos en abstenerme de comer (diría que uno por día) las
grandes delicias que el hombre ha creado para su deleite (grasas, azúcares y
demás) en lo que va de año, al fin me propuse remover esas libritas de más
que cuelgan alrededor de mi estómago, y no porque me sienta obeso ni mucho
menos, sino, por lo del dicho Platónico de que “el comienzo es la
parte más importante de la obra”. Aunque debo de admitir que el modelaje nunca ha
estado entre mis prioridades de vida, ni mucho menos, pero lo cierto es que
todos hemos fantaseado con tener de adorno en nuestro abdomen esos famosos
cuadritos marcados, y más cuando se está viviendo plenamente en los treinta y
tantos, cuando la figura se convierte en el centro de atención de
nuestra psiquis interna, como si de ello dependiera todo el derrotero a seguir
en lo adelante, constituyéndose de esta manera en un karma que dictaría toda
nuestra vida futura en cuanto a imagen y demás. Y ni hablar de los comentarios
poco atinados de ciertas personas (mi amigo Robert) como: “Wao estas
irreconocible” o “Que gordo estas”, como si ellos fueran el modelo perfecto a
seguir en la sociedad, cuando en realidad son personas o muy flacas o muy
gordas, muy feas o muy mal vestidas. Pero nunca he negado la verdad, amo los
placeres culinarios, sí, me fascina comer, soy un comelón empedernido, pero
también me preocupa la salud física, y más cuando tengo la necesidad de ponerme
mis chaquetas y las sueras talla L que tengo colgadas y olvidadas en el closet
por culpa de esos kilitos engañosos que se adquieren sin uno mismo darse
cuenta, o por culpa de (ES) quien apuesta a mi pérdida de memoria para terminar
quedándose con ella. Es por esto que, “remover la grasa
abdominal de mi cuerpo”, figura entre los 10 puntos luminosos que adornan mi lista
de metas para este año que recién comienza, meta que sin lugar a dudas
resultará una labor titánica, atendiendo al hecho de que el no comer grasas y
carbohidratos simples me pone de mal humor, me nubla la vista, me baja las
defensas del cuerpo, me pone ansioso, tenso, nervioso, como si empezara a
delirar y a soñar despierto, aunque admito que, como punto a mi favor, el Gym derrumbo
en mi aquellos paradigmas que solía tener en mi tercera temporada de dietas
totalmente desbalanceadas que terminaban dejándome sin fuerzas, demacrado, como
si una aplanadora pasara sobre mí y luego soplaran a medias mi cuerpo mostrando
lagunas que se veían a simple vista, mientras me arrastraba como los
saltamontes. Y no importa si después de todo el esfuerzo, de lograr la meta y
mostrar el cambio deseado, terminamos volviendo al inicio otra vez, porque siempre, mientras
estemos vivos, tendremos la oportunidad de tener un intento más.
martes, 26 de enero de 2016
MI CUARTA TEMPORADA
"Y
sin embargo se mueve…" Murmuro Galileo Galilei mientras salía de
los Tribunales de la inquisición de la Iglesia Católica en 1963 después
de pronunciar su discurso de retractación por haber sostenido y creído que el
Sol era el centro del mundo e inmóvil, y que la Tierra no era el centro y que
se movía alrededor del sol, idea que revoluciono el mundo existente de esa
época, desmontando así la teoría geocéntrica expuesta por Claudio
Ptolomeo en el siglo II, lo cual demuestra una vez más lo cambiante
que son las cosas. “Nada es estático, todo fluye”, decía Heráclito, y
con toda razón, pues yo mismo soy testigo de lo cambiante que puede resultar
ser la vida de una persona. Hoy, en pleno inicio de mi cuarta temporada,
haciendo una parada reflexiva, recordé la célebre frase de “Ser o no
ser” tratando de describir la experiencia misma de perder la esencia que
durante tanto tiempo se tenía guardada en lo más profundo del espíritu, de
aquel espíritu de mis días de adolescente cuando no habían reglas ni
normas, cuando el mundo giraba alrededor de mi persona y no yo alrededor
de las cosas, cuando una cadena interminable de sucesos traía consigo
siempre un desenlace feliz(sin importar que aquellos sucesos fueran
buenos o malos), cuando me sentía seguro de mí mismo y de todo, y no porque
ahora no lo este, sino, que en aquel momento no lo era pero pretendía serlo, y
aunque lo supiera me importaba poco saberlo. Y no voy a negar que con el paso
del tiempo tuve un profundo miedo. Miedo a no poder ser quien en realidad quise
ser. Miedo a defraudar a aquellos que en silencio me vieron bajar entre las
nubes al mundo de los mortales, advirtiéndome lo desastroso que sería tal
proceder. Miedo a vivir en una burbuja que podía romperse con el simple soplo
del viento. Miedo a no tener todo aquello que una vez me propuse conseguir en
la vida, porque, aunque siempre dije que tuve todo lo que quise, al final me di
cuenta que siempre se quiere más y más, que la satisfacción es un término
abstracto, ficticio, inexistente, carente de sentido y de toda lógica racional.
Y de pronto, entre miedos e incertidumbres, entre decepciones y resignación,
entre alegrías y tristezas, entre odio y amor, cuando estaba a punto de pasar
el umbral de aquella etapa y pasar a la siguiente, tuve una idea, un
destello único, de esos que cruzan entre mil tonterías al mismo tiempo,
portando la luminosidad que siempre caracteriza a las genialidades únicas de mi
cabeza. Me di cuenta que el pasado es como un ancla que hay que tirar y
dejar atrás, y junto a él, los tormentos y los murmullos, dejar quienes fuimos,
porque el presente trae consigo sus propios miedos. miedos con los cuales
viviremos hasta convertirnos en quien realmente queremos ser, Porque no niego
que la juventud es un “Divino Tesoro” pero la madurez trae consigo la mayor de
las realizaciones humanas, la satisfacción de poder ver las cosas que no se
ven, y aunque una vez me pareció ilógico pensarlo, hoy puedo decir, en
esta cuarta temporada de mi vida, que estoy en mi mejor momento.
martes, 25 de junio de 2013
ENCANTADORES Y ENCANTADOS
A veces
solemos escuchar ciertas cosas, que, en la mayoría de los casos, pasa
desapercibido a nuestros sentidos más desarrollados, y en otras, nos retumban
en el tímpano del oído, como cuando se escucha el tintineo retornante de la
campana de la iglesia que está cerca de mi casa anunciando la inminente llegada
de la noche. Pero de repente, cuando le ponemos atención a esos susurros
retratados en sepia, descubrimos que estamos desnudos, como si nuestras faltas
y errores permanecieran disfrazados en forma de virtudes y cualidades de
las cuales en numerosas ocasiones llegamos a hacer alardes de ellas. Durante
toda mi vida, y desde que tengo uso de razón, me he considerado ser un chico
divertido, entusiasta, pero sobre todo muy encantador. Y aunque soy de los
pro-defensores del circulo de ida de adaptación, lo del encanto, modestia y
aparte, siempre ha sido un don natural, o al menos eso creía, hasta que
recientemente escuche el “tintineo de las campanas” como un enorme eco en mis
oídos: “Quizás estás perdiendo tus encantos, pero descuida eso pasa
cuando nos vamos poniendo viejos”, me dijo, como si él fuera el ejemplo perfecto de
la juventud divina. No recuerdo haber emitido ningún sonido después de
escuchar sus palabras providentes, más bien, me invadieron una serie de gestos
y fenómenos inexplicables, como en aquella ocasión cuando me quede mudo y lo
único que podía pronunciar eran escasos fonemas y algunas frases balbuceantes
acompañadas de muecas y símbolos a medias. ¿Qué puede hacer que una persona
pierda sus encantos? Fue la primera pregunta que vino a mi mente después de
escucharlo, como si de repente quedara desnudo ante una triste realidad que de
manera consiente o involuntaria, permanecía escondida de mi a mis propios
sentidos. Me detuve por un momento, en busca de aquellos rasgos que
evidenciaran mi perdida de carisma, mire fijamente mi cara por la pantalla de
mi celular, abrí los parpados y examine minuciosamente cada detalle de mi cara,
cada anomalía, cualquier cosa que me ayudara a interpretar sus palabras, porque
al jugar a que era médico me iba convenciendo de que era verdad, de que alguien
me había robado mi risa, de que quizás tenía razón y me había dejado todo mi
encanto perdido en algún sueño de esas madrugadas que hoy no recuerdo. Y
entonces, como si Dios escuchara mis plegarias, pronuncio las más sabias
palabras que le oído escuchar en toda mi vida: “Pero no te
preocupes, para compensar deberías de empezar a hacer más amable, porque
mientras ustedes pierden su encanto, nosotros los jóvenes lo vamos aprovechando”. Entonces, fue en ese momento que lo mire fijamente, y note
que tenía canas, que tenía arrugas en su cara, que al caminar caminaba encorvado
como los saltamontes, con los parpados hundidos y unas ojeras que en tiempo de
mi abuela se hubieran confundido con algún animal raro en una noche oscura, y
si mis reflejos estaban bien me pareció verlo arrastrar sus pies cuando
caminaba. Entonces ahí, y solo ahí, recordé todo aquel rollo de la física de
que la materia no se pierde, sino que se transforma. En mí, el encanto no se
perdió, sino que se transformó y me hizo lucir más joven, y en él, el encanto
se desbordo, pero convirtiéndolo en una persona que, a pesar de ser más joven
que yo, luciendo más viejo y desgastado.
jueves, 21 de febrero de 2013
LAMENTOS DEL CORAZON
Al escuchar su voz por última vez sentí un frío inmenso que se apodero de mi espíritu y de mi alma. Que me dejo un nudo en la garganta, que me impedía hablarte, decirte lo mucho que te amo. Tratar de convencerte de que eres mi vida entera, que no podría vivir sin tu amor, sin tu cariño, sin tu comprensión, y mi aliento de vida se fue desvaneciendo con el eco de tus palabras, y sentí que te llevaste mis sentidos y me fui sumergiendo en mi propia amargura, cayendo en lo más profundo de una densa oscuridad. ¿Por qué dejaste que el viento te susurrara al oído las mentiras que tus sentidos insinuaban? ¿Porque dejaste que tus emociones te engañaran, haciéndote creer que no te amaba y que no me preocupaba por ti? ¿Acaso no fue mi amor verdadero y puro para contigo? ¿Porque dejaste que los celos y la desconfianza te hicieran dudar? ¿Porque fue tan difícil percatarte de que eras todo para mí y que yo solo vivía para ti? No te imaginas lo difícil que has sido estos días sin ti, sin poder ver tus ojos, sin poder sujetar tus manos, sin poder acariciar tu pelo. ¿Recuerdas aquel día que te vi por primera vez? Sabía desde ese mismo instante que eras un ser especial y así resultaste ser para mí. Pese a que me abandonaste cuando más te necesitaba y te llevaste la alegría que había jurado no volver a tener después de que se llevaron mis ganas de seguir adelante en los días de aquel pasado que tú me devolviste el mismo día en que te conocí, quiero que sepas que no me arrepiento de haber compartido mi vida contigo. Quisiera correr a donde estas y poder abrazarte, sujetarte en mis brazos y apretarte fuertemente para que sientas mis latidos, para que veas que soy sincero y que mi corazón se estremece cuando estoy contigo. Quisiera poder lloran contigo y desahogar estas penas y angustias que me han hecho prisionero desde el instante en que te fuiste, quisiera poder cerrar mis ojos y llegar hasta ti, tenerte frente a mí y hacer de cuentas que no te has ido y que podemos volver a empezar de nuevo, como el primer día. Pero ya estas lejos, te has ocultado de mí y me has desterrado al cruel olvido, y me has dejado sin esperanza, sin vida para seguir. Me has dejado solo, sin fuerzas, sin alma, sin espíritu, vacío. Te has ido bien lejos y te has ocultado entre las densas nubes del cielo para que no pueda hallarte. Has ocultado tu olor de mi para que no pueda seguirte. Y al final, después de todo y una vez más, me he quedado solo sin estarlo, triste y olvidado, resignado a vivir con tus recuerdos porque así lo has decretado. Siempre te recordare por tu ternura, por tus besos cálidos, tus abrazos y tu mirada de inocencia y al mirar hacia el cielo y ver la belleza de las estrellas, la luz de la luna, veré tu rostro siempre. Hasta Siempre mi amor, mi mayor felicidad será que seas feliz con quien decidas volver a empezar y recuerda que realmente, aunque siempre lo dudaste, realmente te amé mucho mi cielo.
jueves, 24 de marzo de 2011
MI CONFESION

La verdad es que no pude contenerme al ver su increíble belleza. Su silueta radiante, la misma que se metió en lo más profundo de mi corazón. Confieso que no pude ocultarlo más y le confesé al viento lo que siento por ti, le susurre al oído que te has convertido en el aire que respiro día tras día, en la motivación que me da aliento y fuerzas para seguir hacia adelante en la vida. Y sentí celos al ver como el viento acariciaba tu pelo, para comprobar si eran ciertas mis palabras. Te confieso que no pude callar lo radiante y puro que es tu corazón y se lo confesé a las estrellas, le susurré al oído que al estar contigo me transmites una paz que corre por mis venas como una suave corriente de aire que se apodera mis sentidos, y sentí celos al ver cómo te miraban a través de aquella ventana en la que nos besamos aquella mañana en la que tu olor se quedó grabado en mi mente. Sí, sentí celos al ver como las estrellas quedaron deslumbradas y fascinadas al ver tu risa. Te confieso que no pude contenerme y grité al mar que había encontrado mi tesoro escondido en tu mirada, que me tienes cautivado, preso de tu amor, y sentí celos al ver como el mar se agitaba a causa de la belleza de tu boca, la cual excita mis sentidos y me deja sumergido en el deseo de tocarla y besarla. Te confieso que no pude callar lo que siento por ti y grite a las blancas nubes lo orgulloso que me siento de poder compartir mi vida contigo y de ser merecedor de tu compañía. Y sentí celos al ver como las nubes se quedaban atónitas al percibir el olor de tu piel, el cual es mal dulce que la miel misma. Te confieso que no pude callarlo y grite al cielo que cuando estoy contigo puedo volar recorrer el camino de mi vida sintiéndome libre. Y sentí celos al ver como los cielos tronaban de emoción al ver tu alegría, la cual me llena de satisfacción y me inspira en mis días grises. Lo cierto es que ya no quiero callarlo y no importa si el viento, las estrellas, el mar, las nubes y el mismo cielo me inspiran celos, porque al final tengo la dicha de poder vivir mi vida entera a tu lado tuyo.
jueves, 27 de enero de 2011
SUSURRO A MEDIA MAÑANA

Susurro a tu oído que te amo para que esta sea la primera palabra que escuches en la mañana. Para que las dulzuras de mis palabras se queden grabadas en tu mente. Para que recuerdes constantemente que en este mundo existe alguien que te ama y daría la vida por ti. Y no es que sea manía mía, es que me encanta acercarme a tu oído y con una dulce voz decirte cuanto significas para mí, porque lo siento, porque me nace de lo más profundo de mi corazón. Tampoco es que sienta que dormir contigo toda la noche no es suficiente, es que al momento de marcharme quisiera que mi presencia se quedara acostada junto a ti, abrazándote, acariciándote, mimándote. ¿Y si el sol entra por la ventana y te despierta y no recuerdas nada? Entonces me sentiré feliz porque pude Susurrarte al oído lo mucho que te amo, porque sé que mientras duermes me escuchas, sé que mientras te adentras en esos minutos a media mañana, tus oídos están siempre prestos a escuchar mis dulces palabras. Y aunque a veces dejamos que nuestros recuerdos vuelen lejos, pediré al viento que los regrese a ti, pera que al final puedas recordar que en cada mañana que pasamos juntos, te susurro al oído lo mucho que te amo, que aunque este lejos mi corazón siempre esta y estará contigo.
miércoles, 26 de enero de 2011
ME RINDO ANTE TI

Me rindo a tus pies porque te has convertido en un todo para mí. Eres el aliento de vida que me mantiene activo y me impulsa a vivir. Me rindo ante ti, porque descubrí que los días sin ti no son días, no tienen rumbo y se pierden en el olvido. Me rindo ante ti porque sufrí de locura, olvidé quien era y de donde venía, en los días en que ocultaste tu bella sonrisa, y me confinaste al cruel destierro de la insufrible agonía, la cual se posaba en mis hombros y me recordaba en cada momento lo torpe que fui, al creer que podía seguir viviendo sin ti. Me rindo ante ti porque te has convertido en todo lo que un día soñé ser para ti. Me rindo ante ti porque me transportas al paraíso, porque cuando estoy a tu lado siento como recorro el vasto cielo, montado en las nubes blancas que adornan el vacío de la nebulosa. Me rindo ante ti porque te amo, te amo más de lo que soñé amar a alguien, te amo más de lo que las olas han llegado a amar al mar, más de lo que pudieras imaginarte. Me rindo ante ti porque después de estos días de sufrimiento me di cuenta que sin ti ya no soy nadie. Me rindo ante ti porque al besarte sentí como me devolvías mis sueños, mis fantasías, mi alma. Estoy preso de tu amor. Sin una cura ni remedio para esta dependencia que me une de manera latente a tu cuerpo, a tu sonrisa, a tus besos, a tus caricias, a tus deseos. No me lastimes porque soy sentimental, soy vulnerable a tus gestos, tus deseos son mi prioridad y he llegado a amarte más que a mí mismo. Estoy preso de tu amor, porque me has hipnotizado con tus melodías, cual pescador recorre las aguas del mar detrás de la sirena que lo conduce con su sonrisa y sus encantos. Me convertí en un adicto de tu cariño, por favor nunca me lo niegues, o mis días se volverían grises y amargos, sin color y sin sentido. Me rindo ante ti y no lo digo con pesar porque al final, después de todo, al estar entre tus brazos, me di cuenta que adoro rendirme ante ti.
martes, 11 de enero de 2011
AMANECERES INTERMINABLES

Quién iba a imaginar que, en esos momentos tristes y amargos de mi vida, pudiera ver pasar toda mi vida frente a mí. Verme a mí mismo contemplar como mis ojos se cierran con el peso de mis lágrimas en estos amaneceres. Como si mi frágil corazón se negara a aceptar el cruel destino que me fue asignado. Hasta el cálido viento escondió su sonrisa, mostrándome su lado triste y moribundo. Quién iba a imaginar que el sol incauto me obsequiaría sus radiantes y primogénitos rayos en medio de mi agonía y mis tristezas. Quién iba a imaginar que el mar me dejaría pisar su suelo desierto, caminar entre rocas y saltar al vacío de sus olas cubiertas por un velo negro que resalta sus frías y agonizantes encrucijadas. Quién iba a imaginar que la niebla fría caería sobre mis hombros en forma de ceniza, mostrándome cual verdugo suele imponerse sobre los débiles y frágiles mártires, dejando huellas en mi rostro, las cuales perduran y se aferran a mi triste vida. Quién iba a imaginar que al amanecer me perdería entre pardas nubes en la selva umbría, de esos pantanos sin luz donde la lluvia se abre paso por el camino de la procesión triunfal de los sauces con extraño brío. Entonces caigo en el espiral de mi existencia, pensando en lo más sublime de mis temores, tratando de ser escuchado en medio de aquellas voces que las sombras conjuran en medio de las penumbras, aquellas que los jinetes segadores de aspiraciones cortan en el filo de la vida. Quién iba a imaginar que saber lo infinito implicaba convivir con aquello que abruma con el mar de la soledad, obligándome a tocar con mis manos, la frialdad de sus aguas turbias. He perdido la noción del tiempo y todo parece abstracto, confundido por la corriente de aire imaginaria que se cruza entre la línea de mis emociones y la burda realidad que choca contra mi rostro en mis amaneceres triviales. Entre lágrimas y risas, entre amaneceres y mis amaneceres interminables, al final, pediré a Dios vestirme de paciencia y sabiduría. Vestirme de luces en mis amaneceres quejumbrosos, porque, pese a mi lenta agonía, puedo ver las olas del mar y los cálidos rayos que me dan la bienvenida día tras día en cada amanecer interminable de mi vida.
lunes, 29 de noviembre de 2010
DORMIR CONTIGO

Adoro los días en que duermes conmigo. Porque al tenerte a mi lado me siento fuerte y las ansias se van. Las dudas desaparecen con el frio de la madrugada, porque estas a mi lado, porque tu cuerpo calienta el mío. Entre sueños me pierdo y me alejo, pero al sentir tus manos tocando me pecho regreso de lo más profundo de mis sueños y me adhiero a ti, sintiendo como calientas mi alma y envuelves mis sentidos. Dormir contigo es como sentir como se desliza por mi cuerpo el rocío suave y delicado de la mañana, es como poder palpar tu delicada sonrisa de ángel, la cual alegra mis días y me convierte en el hombre más feliz de esta tierra. Dormir contigo me hace ser niño de nuevo, me hace saltar y correr por el aquel camino mágico, lleno de cuentos y hadas saltarinas, motivándome a pedir deseos y fantasear con poder tocar el cielo viajar en las blancas nubes. Dormir contigo me devuelve la pasión, el amor, la lujuria, y a la vez me llena de calma, de paz, de tranquilidad. Al dormir contigo siento como pasan infinitas ideas por mi mente, es como si millones de estrellas colapsaran en el universo, como si las estrellas fugaces no se extinguieran nunca, como si los recuerdos se perdieran entre tus cálidas mejillas, y al mirar tu boca me pierdo en tu encanto, siendo cómplice contigo en tu silueta de manos, porque me tienes prisionero de tus deseos. Y es que dormir contigo en toda una travesía, porque te abrazo y te aprieto a mi pecho, sintiendo como mi mente se va durmiendo ante la inminente llegada del sueño que me invade, y entonces me entrego a él, sin resistencia, sin luchar, porque sé que estoy a tu lado y que pasare toda la noche durmiendo contigo.
jueves, 25 de noviembre de 2010
LAMENTOS DE LA MADRUGADA

Entre sueños, delirios y la realidad que me ha tocado vivir, sentí mi propio lamento escondido, secreto. Como si estuviera recorriendo por aquel bosque prohibido, acompañado del susurro de una corriente de brisa que se mueve en todas direcciones sin un norte a seguir, sin un propósito que cumplir, caminando por aquella triste realidad que se ocultaba tras las hojas que caen en el cruel otoño. Y fue entonces que aquel remordimiento se adentró en mí ser, jugando a ser rey en aquel castillo que por un instante creí ser mío, teniendo a mis sentidos y emociones como simples vasallos de sus crueles intenciones, utilizando en mi contra mis propios pensamientos para hacerme sentir que al final nada tienes razón de ser. Sentí como recorría mi cuerpo provocando en mi confusiones y desilusiones amargas, como si tratara de asfixiarme y doblegarme ante sus intenciones, persiguiéndome hasta acorralarme al final del camino de mis días, como si fuera culpable por haber escuchado aquel secreto que desconocía y que, desafiando las fuerzas que lo mantenían oculto a mis ojos, a mis sentidos, decidí ser merecedor de esos secretos perdidos. Sentí como lloraba mi alma al no ser escuchada, como si tratara de descifrar la solución a esos problemas que durante mucho tiempo han perturbado la existencia misma, inquieta al no ver como se derrumbaba todo aquello que se había logrado con tanto sufrimiento y desdicha. Y sentí que mi alma, devastada por todo me abandonaba, como si se arrepintiera por haberme dado fuerzas, desilusionada por no haber sido escuchada, atormentada por los miedos que yo le infundía, dejándome sin aliento, sin fuerzas y sin entendimiento. Al final, cuando creí haberlo perdido todo, cuando mi ser mismo ya no aguantaba tanta aflicción, cuando mi conciencia había muerto, desperté, empapado de sudor, alegre porque todo había sido un sueño, pero triste al saber que había tenido un lamento de mi alma.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
AL DESPERTAR

Después de haberte buscado por tanto tiempo, sumergido en aquel laberinto olvidado, oscuro y frio, aquel laberinto sin vida por el cual perdí aquellos días felices en los que me arme de valor y decidí salir en tu búsqueda, segado a veces por la desilusión y el descontento por no encontrarte, llegando a creer que mi destino se había dictado por aquellas fuerzas escondidas y divinas, aquellas que escapan a nuestro conocimiento y nuestro entendimiento, porque se me advirtió cuando decidí bajar del aquel lugar inmortal, cuando decidí entregarme por entero a la humanidad, aquella humanidad que se transformó en una enorme laguna en la que me sumergía día tras día con el único afán de poder verte y tenerte. Finalmente soñé que te encontraba, que estabas ahí, frente a mis ojos, que finalmente te tenía en mis brazos, que tu respiración se ligaba con la mía y que ambos nos perdíamos en nuestro propio deseo y encanto. Entonces apreté tus manos, tan fuerte como el mismo viento en plena tormenta, y te besé tiernamente, sintiendo como humedecías mis labios como el rocío en plena mañana. Mientras te besaba mi corazón palpitaba de manera acelerada, como si quisiera salir de mi pecho y ser libre, y empecé a perderme en tus encantos, y la fantasía misma me cubrió con sus dulces delirios, llevándome al cielo mismo, recorriendo el camino largo que formaban las blancas nubes. Y cuando llego el momento de despertar, el momento decretado para la partida de aquel mundo mágico en el que te habías refugiado por tanto tiempo, note tu tristeza, tus ojos engrandecieron y una lagrima se deslizó por tu bello rostro, haciéndome caer el más profundo retardo de agonía que humano alguno haya podido presenciar. Y te fuiste alejando de mí, como se pierde la oscuridad de la noche ante la inminente llegada de la mañana. Cuando todo terminó, cuando creí haberte perdido de nuevo, entonces desperté y te encontré a mi lado, te aferrabas a mi pecho y entonces comprendí que el amor nos hace soñar, nos hace fuerte y débil a la vez, nos convierte en todo y nada, pero, sobre todo, nos devuelve la alegría y la felicidad y nos llena de bellas fantasías, y esto lo puedo decir a ciencia cierta porque fue exactamente lo que sentí cuando al despertar te vi a mi lado.
viernes, 19 de noviembre de 2010
TU OLOR AL AMANECER

Sin
haberte esperado, sin saber que existías, has despertado en mí todo aquello que
creí haber perdido en mis días perdidos. Sentimientos que me fueron robados,
que fueron escondidos, ocultos a mi corazón, cuando decidí convertirme en un
ser amargo, sin sentimientos. Y llegaste tú, encendiendo de nuevo la chispa que
las frías brizas de las decepciones habían apagado, reviviendo en mí mis
ilusiones secretas, devolviéndole a mi ser las emociones que durante dos largos
años se ausentaron de mi alma. Has llegado a encender cada parte de mi ser, has
dejado tu olor fundido en mi piel, haciendo que mis sueños ya no sean sueños,
que las sombras ya no sean sombras, combinando mi respiración con la tuya.
Porque me acostumbré a vivir mi vida sin pedir, sin exigir, porque perdí la
faculta de ver lo bella que es la vida, Y TU me has hecho ver mi presente y
olvidar mi pasado. Porque llegué a sentirme solo sin estarlo, desprotegido en
alta mar, y de repente sentí tus brazos sujetándome de no seguir cayendo en el
oscuro abismo que mi propia mente creo, sepultando los recuerdos felices de mi
vida pasada. Al besarte siento como mi respiración se agita, al abrazarte
siento como mi cuerpo se refugia en lo más alto de la cima, porque tus encantos
y atenciones me han conquistado. Gracias por ser quien eres, porque tengo que
confesarte que eres todo lo que buscaba y esperaba.Al despertar
me di cuenta que no fue un sueño, un delirio de mis fantasías secretas y
olvidadas. Estabas ahí, junto a mí, con tu bella sonrisa y tu mirada divina,
capaz de doblegar al más fuerte de mis impulsos. Capaz de llevarme al rincón más
profundo del cielo mismo y hacerme delirar entre mis fantasías y mis realidades.
Ahí estabas, sin imaginar las innumerables ocasiones en las que soñé tenerte
entre mis brazos, apretar tu pecho junto al mío, susurrarte al oído con voz
suave y melodiosa que te amo, que eres lo más importante que me ha pasado en
mucho tiempo, en toda mi vida. Y fue entonces cuando imagine apretar tu mano
suave y tierna y recorrer el bello campo, como en aquellos días de otoño,
aquellos días felices que cubrían mi vida y me llenaban de ilusiones, sí,
recorrer la pradera y contemplar aquel jardín parecido al paraíso mismo, aquel
jardín que crece a lo largo del camino infinito que se visualiza por tu
ventana. Aunque muchas ideas recorrieron mi mente en esos fugaces segundos,
debo de confesarte que en todos estabas tú, a mi lado, fundiendo tu ser con mí
ser. Mientras me perdía en esos sueños e ideas en mi mente, tu rico olor me
trajo de vuelta a la realidad, sentí como me abrazaste y te acercaste a mi
oído, como si intentaras examinar mi silueta, buscando rastros en mi piel, en
mi aroma, en mi ser. Al despedirme de ti me sobrevino la tristeza, la agonía y
la tensión, porque te ibas de mi lado, dejándome solo con tu olor en mi piel,
aquel que me hizo contemplar los sueños escondidos durante toda la noche, la
noche que me regalaste y recordaré toda mi vida, porque, aunque no lo creas, tu
olor y tu ser se quedó guardado en mí.
miércoles, 24 de febrero de 2010
REMORDIMIENTOS DEL ALMA
“Remordimientos de alma”. Quizás este sea el término que explique los cambios de personalidad que reflejan tristeza y angustia cuando se carece de una conciencia. El remordimiento del alma es un concepto más profundo. Sobrepasa la línea de lo racional y se convierte en un hecho o fenómeno inexplicable desde el punto de vista humano. Implica más que una conciencia afectada (si es que existe alguna conciencia). No es que se intente regresar al pasado en busca de una segunda oportunidad para remediar o evitar el hecho generador de tal estado de situación, sino que, es un estado caracterizado por la aceptación de las consecuencias que implicaron el haber actuado de tal o cual forma, y esto es lo que, desde mi punto de vista, lo hace ver como un hecho inexplicable. En un estado de remordimiento rutinario, las respuestas emocionales del cuerpo son producidos o emanados por un factor emocional llamado “conciencia”, pero, ¿Y si se carece de tal factor emocional? ¿Quién dicta las órdenes? En días pasados mi amigo FB por razones que no vienen al caso mencionar, se vio en la obligación de despedir a uno de sus empleados directos, acción que en un principio no resulto tan difícil para él, puesto que desde mi punto de vista es una persona que carece de conciencia. Al enterarse de las dificultades que este individuo paso producto del despido, mi amigo FB empezó a manifestar una serie de cambios emocionales que culminaron con la reposición del individuo a su anterior puesto de trabajo. El punto clave de la situación no lo constituyo la acción de reposición, sino, los cambios emocionales sufridos durante el proceso. Es por ello que digo que los remordimientos del alma son más profundos, son más complicados, más enigmáticos. Es un pesar cuyo origen no está en nuestra cabeza, sino en nuestro corazón. Es una aceptación de las consecuencias, sin que se quiera remediar el hecho. Es un padecimiento consiente, como si se tratara de una marca de nacimiento que se llevara durante toda nuestra existencia. Es un estado en el que no hay solución, o al menos no se contempla de manera consiente. Lo que me lleva a pensar que a veces es mejor tener conciencia, aunque no se quiera, porque al final, y solamente al final se afectara nuestra mente y no nuestro espíritu cuando se padezca de un remordimiento del alma.
martes, 20 de octubre de 2009
MIS DIAS PERDIDOS
A veces me pierdo entre mis olvidos, entre mis sentidos y mis recuerdos perdidos, cruzando el umbral de mis deseos y anhelos olvidados. Donde la soledad es como un castigo que me imponen aquellos que juegan a ser dioses en mi vida. Aquellos mismos que con gran osadía me empujaron a los brazos del viento frío de la madrugada, cuando el rocío se desliza por la tenue brisa cálida que se adueña de las horas perdidas, de los minutos tristes y abatidos que recorren la larga procesión hacia el final de su existencia, de mi existencia. Donde mis días no son días, si no sombras de mis sueños, como un sueño raro, llenos de tristeza y amarguras acompañadas de impotencia, al ver como la vida se gasta en mis días que no son días, si no laberintos rodeados de tristezas, las cuales me invaden y me causan amargura. Y hoy, al cabo de tantos y perplejos años de errar bajo la luna, me pregunto qué fuerza misteriosa escondió mis sueños y mis deseos más secretos, como el castigo que se inflige a los que sin poder alguno desafían a lo desconocido. No porque sienta que mi vida se ha acabado, sino porque me siento cansado, me siento solo, triste, al ver como a otros se le concede el secreto divino que se oculta bajo el mismo sol, y que sin esfuerzo alguna se les concede el poder descifrar los misterios de la vida que realmente es vida. Porque mis días no parecen tener fin, porque me siento solo sin estarlo, porque la alegría se fue de mi vida y mis momentos se han vuelto amargos, carente de rasgo alguno de felicidad. Como si mis quejas fueran opacadas por el eco de mis propios lamentos, como si tras cruzar por el umbral se borrara aquel camino que me llevaría al mismo cielo. No porque mis días pasados fueran mejores, sino porque ya no tengo días, solo tristeza y amargura. ¿Y si hubiera decidido no desobedecer a los que me advirtieron lo que pasaría si descendía de mi lugar santo? Quizás mi vida si fuera vida y no tristeza, quizás mi alma dejara de rogar ser perdonada y el llanto que cae al vacío infinito dejara el sonido del llanto de mi triste recinto sellado.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
TRAICIONADO POR MI PROPIA ALMA

Sin poder evitarlo te siento, como en aquellos días que se vuelven fríos y a la vez cálidos. Siento como recorres mi cuerpo, como te acuestas junto a mí cuando me sorprendes desprevenido en la oscura noche, abatido y cansado de vivir una vida de mentiras y fantasmas, una vida fuera de mi propia vida, bajo el sonido del silencio y las sobras ocultas de las mismas sombras. A veces me pierdo entre lo real y lo fantástico, como si cayera en un sueño lento y acalorado que me seduce y anestesia mis sentidos y me transporta al dulce karma de tu inesperada presencia, que día tras día regresa sin ser llamada. El sudor en mi cuerpo, la brisa tensa que se escurre por la ventana, delata tu presencia y te escondes tras la puerta, jugando a hacer como el viento, que solo se siente y se percibe por sus suaves ráfagas, como un torrente nebular que despliega una corriente de aire que congela y frisa mis sentidos, que me envuelve y me hace girar hasta el cansancio mismo, provocando mis repetidos e interminables delirios a media noche. Y cuando mi alma está en reposos, entonces te vuelves invisible y tu silueta se desvanece de detrás de la puerta y sin notar tu presencia te acercas despacio a mi pecho como si trataras de robarme el poco aliento que me queda, aquel que decidió seguir viviendo junto a mí, aquel que prometió darme las fuerzas para no revivir nuestra vida juntos, aquel que me inspira a no pensar en aquellas emociones malditas y prohibidas, condenadas por mi espíritu y desterradas al lugar oscuro e infinito de mis emociones y mis deseos no cumplidos. Entonces, entre sueños y delirios me hipnotizas y al no poder robarte mi alma la escondes, la ocultas, la alejas de mí, y cuando mis fuerzas casi me abandonan y notas que estoy a punto de morir, la traes de vuelta y me dejas perdido en mi propio trance, como si trataras de castigarme por haberte dejado partir cuando rompimos la regla sagrada del amor eterno, cuando mi mente dejo de pensar en aquellos momentos que son inolvidables, abatida por aquellas olas que desafiaron las leyes naturales y sobrepasaron los límites de la cordura y lo normal. Y cuando creo haber terminado con aquel sueño hecho realidad, término parado sobre la frágil línea que divide nuestras vidas, contemplando como ríes ante mis debilidades, viéndote partir después de haber comprobado, una noche más, que cuando mi cuerpo duerme mi alma me traiciona y te sigue, seducida por tus mentiras y encantos.
lunes, 10 de agosto de 2009
COMPLEJIDAD HUMANA: ADAPTACION

A pesar de ser instruido durante toda mi vida bajo doctrinas esotéricas, llegando incluso, a conocer las raíces culturales derivadas de la filosofía, la religión y el arte, superando por completo las enseñanzas y tradiciones de las sociedades secretas, tengo que admitir que la complejidad humana siempre ha resultado ser como una especie de enigma para mí: fascinante y a la vez complicada. Lo fascinante radica en lo inestable que puede ser, y la complicación resulta de lo impredecible que se puede llegar a ser bajo un sin número de circunstancias escénicas. ¿Qué es lo que impulsa a la gente a comportarse de una u otra forma en las diferentes circunstancias de su vida diaria? Un día sonreímos y al otro maldecimos. Un día creemos haber encontrado a alguien especial y de repente, por no recibir repuestas, desechamos la idea, sin percatarse, a veces, que más que una indecisión, es cuestión de percepción. A veces solemos molestarnos por no escuchar un “Discúlpame”, pero ¿Qué relevancia tendría esto si al final se conocen bien las intenciones? He conocido personas que muestran afecto o respeto, aun sin conocer rasgos físicos de otra persona, no recibiendo la misma acción por parte del individuo en cuestión, y es que la complejidad humana sobrepasa todo entendimiento originado por las neuronas. Alguien hablaba, o, mejor dicho, cuestionaba acerca de la acción de "Fingir para impresionar”, aun cuando esto supone ir en contra de nuestros propios gustos y patrones determinados de conducta, haciendo hincapié no en la mera acción del comportamiento, si no, haciendo alusión a las razones que conllevan al individuo a tal acción. No es que "Los patrones personales están constituidos a base de complacencia", es que todos, en algún momento de nuestra vida, sin excepción alguna, hemos tenido que jugar a ser personas diferentes, ya sea para impresionar o ganarse a alguien. Es como una especia de sufismo, como si se pretendiera primero, tomar el camino que purifica el espacio donde se concentra el espíritu humano interno, y luego, aventurarse a lo que se puede lograr una vez que este realizada la jugada inicial. Es cierto que a veces, solo se engaña uno mismo, pero de no ser así, ¿Cómo llegar a satisfacer la ansiedad de convertirse en espía de un circulo diferente al nuestro?, cuestionaba la misma persona. Sin lugar a dudas, que no sería posible de no ser por la acción de fingir gestos y gustos determinados. A veces no es cuestión de fingir ciertas acciones, más bien, se trata de adaptarse a determinadas circunstancias. Es posible que a una persona le cueste mucho manifestar un sentimiento de afecto o cariño, ya sea por factores familiares o sociales. De repente conoce a otra persona que demanda los afectos propios de una relación de pareja, y entonces se empieza a pretender demostrar que se puede expresar el cariño a través de ciertas acciones que irían desapareciendo a medida que la confianza se afianza en el noviazgo. Lo que trato de expresar es que, a veces no es cuestión de fingir, sino de adaptarse al medio que nos rodea en un determinado momento, aunque se piense lo contrario. No estoy de acuerdo con la idea de que “la capacidad extraordinaria que tenemos para adaptarnos a lugares, situaciones y circunstancias nos hacen colapsar cuando nos llevan al extremo, o cuando nos sacan de nuestro ambiente”, porque al final de una u otra manera, siempre terminaremos interactuando fuera de nuestro circulo, tratando más bien de adaptarnos a los gustos ajenos, mas no fingiendo.
lunes, 3 de agosto de 2009
UNA TAZA DE CAFE A LA MEDIA NOCHE

Al final, después de unos largos e interminables minutos, en busca de una excusa, decidí hacer como una especia de acto de aparición sorpresa en aquel lugar mágico. Como si pareciera un deseo concedido por un hada a la media noche. Pero lo cierto es, y haciendo honor a la verdad, que no la necesitaba, porque de repente, a veces, solo basta con querer hacer algo y del resto se encargan las casualidades de la vida. De repente estábamos ahí, frente a frente, sentados en la sala en la pequeña mesa de cristal, contando historias, anécdotas de nuestras vidas, como si quisiéramos enviar códigos, mensajes a medias, patrones de conductas, gustos y creencias disfrazadas de cuentos de hadas. Mientras me hablaba no pude evitar perder mi mirada en su rostro, observar lo hermoso que se veían esos ojos vivarachos, inquietos y veloces, que se movían de un lado a otro, provocando en mí el más intenso y apasionado de los morbos. Estábamos tan cerca el uno del otro que sentí como su respiración acariciaba mi rostro, mis labios, humedeciendo por completo mi boca, mis deseos, mis pasiones. En aquel recorrido visual me detuve en sus labios carnosos sin poder evitar fantasear con perderme en ellos tan solo por un instante. De repente, mientras escuchaba sus palabras, volví al pasado, a los días de la efímera felicidad, de risas y de alegrías fugaces. No es que de repente vi pasar toda mi vida delante de mí, como me ha sucedido en otras ocasiones, pero si pude contemplar y detenerme en los momentos felices que en uno u otro momento han protagonizado ciertas escenas de mi corta vida, como si alguien superior a los humanos me estuviera enseñando la valiosa lección de no dejar que los miedos y los fantasmas ocultos del pasado sobrepasen las ganas de seguir adelante. Mientras fantaseaba con su pelo, con su nariz, olvidando por completo la realidad en la que estaba, escuche su voz, como si se tratara de un eco que va perdiendo fuerzas a medida que se desvanece en el vacío: “¿Lo prefieres frío o caliente? ¿Una o dos cucharadas de azúcar?”, me dijo, mientras tomaba la cafetera en la mano. Me quede frisado y mi reacción por poco y me delataba y es que no soy amante a la cafeína ni mucho menos, pero por un instante había olvidado que precisamente esa había sido la excusa inventada que justificaba mi presencia en ese lugar y en ese momento maravilloso. Y lo cierto es que, al ver como su boca se ligaba con aquella taza llegue a sentir envidia, envidia de aquella taza que se frotaba con sus labios, con su aliento, con lo dulce de su paladar, envidia de aquella escena que recordare durante toda mi vida, cuando a media noche, deguste “Las mejor taza de café que he bebido en toda mi vida”.
lunes, 27 de julio de 2009
CATARSIS A MEDIA NOCHE

A media noche, cuando las corrientes de aire que se deslizaban por las paredes de mi habitación empezaron a tornarse pesadas, y el susurro de la luna había sido opacado por los destellos luminosos de las estrellas que apuntaban a mi cama, te sentí recorrer mi cuerpo, quizás en busca de algunos recuerdos que dejaste aquel día, creyendo que podías volver en cualquier momento o quizás fue solo por olvido. Mi respiración agitada delataba tu presencia, y el ritmo acelerado de los latidos de mi corazón marcaban tu largo e interminable recorrido dentro de mí. Buscabas respuestas, razones, verdades, como quien trata de convencerse de las realidades que se muestran ante nuestros ojos y que difícilmente aceptamos con tan solo verlas. Note tu preocupación, tu angustia, tu aflicción, al cruzar de un sitio a otro, como si tu búsqueda se convirtiera en un laberinto infinito, tratando de disimular la decepción que te provoco no encontrarme en estado en que me dejaste. Sentí como tus manos trataban de acariciar mi rostro, resultando imposible atravesar la barrera del tiempo y el olvido, tratando de humedecer tus labios junto a los míos, obteniendo solo reproches, tratando de abrigarte en mi pecho y sentir mi calor, obteniendo solo rechazo. Y subiste a mi mente, tratando de confundir mis pensamientos, de chocar con mis ideas, de introducirte en mis recuerdos, reviviendo los momentos en que heredaste mis ideas, mis pensamientos, mi amor. Y recordé aquellos días, donde jugabas a ser Dios con tus influencias, con tus tretas, con tus mañas, y entraste en un estado de confusión, como cuando se nubla el pensamiento y empezamos a ver sombras, visiones y sucesos sin relevancia ni explicación. También note tu tristeza, tus lamentos, en tu recorrido hacia el final de tu existencia en mí. Y fue entonces cuando te detuviste en mi corazón, como si supieras que aquel lugar seria tu salvación, esperando encontrar la razón por la que seguirías formando parte de mí, en busca de nuevos rastros de amor, buscando huellas de sentimientos guardados, arraigados en lo más profundo de mi ser, como quien aprende una enseñanza paralela interior o esotérica que se daba únicamente a los que se reputaban moral y espiritualmente merecedores y personas maduras para recibirla, y al final, note tu regocijo, al darte cuenta de que me he vuelto un ser vacío, melancólico, carente de rasgos sublimes a las reacciones de los mortales, como quien se desvanece con el rocío de la madrugada al comienzo del día, como un deseo fugaz que desaparece ante la materialización de los sueños perdidos. Y mi espíritu, ante tu alegría, se intranquilizo, sintiéndose traicionado por mis emociones, asustado por mi impotencia, decidido a paralizar mis sentidos y mis deseos, obligándote a salir contra tu voluntad, sin dejar rastros, ni sombras, devolviéndome mi alivio, mi paz, mi tranquilidad, después de experimentar mi catarsis a media noche.
lunes, 20 de julio de 2009
COMO UNA SOMBRA DE NUESTRA PROPIA SOMBRA

No soy de esos chicos que viven aferrados a circunstancias y motivos de la vida pasada, pero al igual que todo ser humano que vive sobre esta tierra, tengo mis demonios y las sombras que día tras día secuela mis trágicas parodias a las que a veces y solo a veces llamo vida. Aunque a veces las respuestas a las interrogantes que nos planteamos provienen de nuestro propio interior, jugando a creer que a veces las paredes y los susurros del viento, que todo lo observa, se deslizan por nuestro cuello y nos concede el don de poder descifrar hasta los más enigmáticos acertijos, termine ante su presencia, rompiendo las promesas que les hice a mis emociones, a mis principios, sin importar las promesas que me hice a mí mismo de no volver nunca en la vida a recurrir ante su rostro, para escuchar sus divinas palabras, para revelar ante él mis miedos ocultos, y terminar con las secuelas que se han venido repitiendo una y otra vez ante mis ojos, como una especie de Dejabu o sueño místico. “¿Qué es lo que te atormenta?” me dijo, invitándome a comenzar mi historia, como si supiera de antemano cada detalle, cada rasgo minucioso. Había algo en sus palabras que me atemorizaba, como si sintiera una amarga sensación de un presagio que abordaba mi mente por desobedecer las leyes sobrenaturales que rigen mis actos, los mismos que a veces me obligan a cumplir mis promesas, recordándome en todo momento las consecuencias desastrosas que provienen de intentar compartir mis secretos profundos, sin importar que se trate de alguien conocido como un Dios. Como cuando te pierdes y te ahogas en lo más profundo de una noche acalorada, pidiendo a voces que alguien te rescate, contemplando solamente los débiles sonidos que se van perdiendo en el mismo sueño. Había una corriente de aire tibia que circulaba por las cuatro paredes de la habitación, solidificando las gotas de sudor que colgaban en mi frente, amenazando con caer al vacío y delatar mi estado de nerviosismo, como si algo o alguien estuvieran presente, en espera de las revelaciones que permanecían ocultas en mi caja de pandora y que oído humano jamás han escuchado. Mientras le contaba mis miedos, mis sombras, me perdí en una mirada fija por la ventana, sin poder evitar navegar por unos segundos en el cielo que se revelaba ante mí. No había nubes, ni estrellas. La luna se ocultaba detrás de su silueta, de su sombra, de su pena. No había ruido, no escuche voces ni presiones esta vez, diferente a la última vez que recurrí a él en busca del significado de los tormentos que agobiaban mi mente, cuando se revelo ante mí como el Santo Oscuro. Al terminar de contar lo inmencionable, sentí que se formaba un nudo en mi garganta. No por haber desobedecido a los Dioses, al compartir con él los secretos que se perderían en mi mente con el olvido y el tiempo, si no, por ver su rostro, por contemplar su silencio, como quien medita y procesa todo para luego enunciar una ley que humano alguno no podría cumplir sin la ayuda de quienes dictan las reglar de la vida. “La felicidad, a veces, implica dejar atrás todo lo que nos hizo feliz en una etapa pasada. Ser feliz implica no ser cobarde y decir las cosas que se deben decir, sin importar que al colgar nos desvanezcamos en llanto y nos ahoguemos en el sufrimiento momentáneo. Ser feliz significa dejar los miedos del pasado y abrirse a nuevos retos, a nuevos miedos”, me dijo, como si se tratara de una regla de oro que tendría vigencia por los siglos de los siglos. Entonces y solo entonces, pude ver más allá de mis ojos y contemplar el secreto que permanecía oculto frente a mí, comprendiendo el significado de sus sabias palabras, y pude darme cuenta que el amor, el sentimiento y el miedo del pasado, no pueden convivir con nuestras emociones presentes, ni mucho menos ser sombras de nuestra propia sombra.




