La verdad es que no soy de esos tipos complicados que siempre llevan un manual sobre qué y cuándo comer. No por considerarme un chico glotón (esa es otra historia), sino porque me encanta comer y disfrutar de los exquisitos platos que ofrece nuestra gastronomía popular. Aunque no suelo complicarme a la hora de elegir un sitio o un plato, hoy me resulto un poco difícil la decisión, como cuando uno se levanta con el ruido del despertador, con los nervios de punta a las 7 de la mañana con un sueño terrible, ante la disyuntiva de: "me baño o no me baño", como "ser o no ser". Fue entonces cuando recordé las sabias palabras de un amigo: "Este es el siglo de las NO complicaciones" por lo que decidí salir a comer fuera de la oficina y así resolver de manera sencilla lo que en un principio aparentaba ser un enigma que me llevaría años en poder descifrar, como cuando por razones inexplicables me decidí buscar el secreto de la eterna felicidad. El sol brillaba de una manera muy diferente ese día, las palomas volaban de un árbol a otro con finas ramas de olivo en sus picos, se podía percibir un olor a frescura en el aire que solo el bosque propiciaba y entonces me topé con Alicia en aquel mundo de..........., Discúlpenme, creo que me perdí en la historia. Al salir de la oficina ya me había decidido mentalmente a almorzar con una batida de lechosa y un rico sándwich de pierna de esos que venden en "Buen placer", entonces me topé con ese lugar. Me sorprendí mucho al verlo de frente, porque, aunque suelo pasar por ahí todos los días no me había percatado de su existencia. No sé si fue el aroma, o el trato gentil y amable que supuse recibiría de una joven elegante que estaba parada en la puerta, lo que me motivo a entrar, como cuando tuve mi primera experiencia sexual y no sabía lo que hacía ni lo que podía hacer. Al entrar me pareció haber entrado a un universo paralelo a mi realidad. Gente elegante a mi alrededor, un rico aroma a vino que me volvió loco por completo (me encanta el buen vino), mesas decoradas al estilo Miguel Ángel y todo un repertorio de cuadros de Picasso. Me senté en una mesa frente a la calle, contemplando el diario vivir de la gente que cruzaba frente a mis ojos y una música de fondo que me remonto a los años de Mozart y su retórica para los amantes a la buena música, inspiración que resulto interrumpida por una voz suave y melodiosa: "Buon pomeriggio, signore. ¿Sono in grado di servire voi?". La verdad es que, aunque no se hablar italiano, logre descifrar por sus gestos y el menú que me colocaba encima de la mesa que ya era hora de terminar con el carma que había empezado en tempranas horas de la mañana. Me decidí por un plato conocido, para no cometer el error de pedir algo que al final no me puedo comer. Un rico plato de Raviolis con carne, panecillos al horno, una salsa desconocida, y una buena copa de vino blanco fue todo lo que necesite para darme cuenta que no se necesita ir a Italia para disfrutar de un buen almuerzo.
Bienvenid@. Ponte cómod@. Disfruta de mi espacio, de tu espacio. Mis vivencias, mis historias.......
lunes, 15 de junio de 2009
miércoles, 10 de junio de 2009
PREGUNTELE A MI ESPOSA

Luego de varias dietas inventadas y otras sacadas de Internet, con nombres en ingles difíciles de pronunciar con eternos retardos de sacrificio inhumano y estrictas rutinas de ejercicios, de las cuales yo mismo fui participe, haciendo honor al contrato de amistad que nos une de por vida, complementadas con ropitas ajustadas y a la moda y bebidas light especiales para gimnastas, mi amiga yocaira logro por fin el cuerpo que tanto deseo, y que le pidió a Dios en sus largas secciones de oraciones nocturnas. Cero grasas abdominales, piernas y muslos firmes, trasero bien distribuido y unos enormes pechos que resaltaban por encima de la blusa, como en un pleno afán por liberarse de una opresión que alguien o algo les había infringido durante toda una vida. No solo registro cambios significativos en su forma de vestir, ya que ahora usa ropa más ajustada y provocativa, sino en los niveles de exigencia a la hora de escoger al agraciado con quien compartirá temporalmente sus regulares salidas de corte social y sensual. Como además de mucho aprecio, nos tenemos una gran confianza, fue ella mismo quien me contó toda la historia, la trágica historia que la atormentaba, con el pecho pletórico de orgullo por lo que supondría una gran hazaña para ella. “¿Te acuerdas de Aramis?”, me dijo. Y claro que lo recordaba, porque el pobre muchacho tenía una pinta de buena gente que llamaba poderosamente la atención, y esto, obviamente, hacía de él un chico difícil de olvidar. "Hoy precisamente cumplimos 1 año de casados" me dijo, como si más que estar feliz por su vida de romance, me estuviera mandando un meta mensaje, camuflajeado de risas y alegrías. “La verdad es que ya no sé qué hacer. Últimamente ha desarrollo una tendencia a engordar de manera descomunal. Creo que ha aumentado casi el doble de peso de cuando nos conocimos, y eso es mucho que decir. Pero lo más fuerte de todo esto es que no para de comer de noche. Siempre lo escucho en la nevera, devorando todo, sin poder acercarme a él, porque de repente hasta mi termina comiéndose. Definitivamente, tendré que ponerme fuerte con él", concluyó su sermón, sofocada por la inmensa cantidad de calorías que perdió en su enfática narración. Aunque siempre he sabido que para Yocaira, luchar por el mantenimiento de la planta física de sus amores y amigos es una de sus principales responsabilidades humanitarias, no pude evitar que me diera risa imaginar tal escena. Ellos dos sentados en un restaurante, al que gentilmente, me imagino que, ella lo habría invitado, puesto que además de controlarle la vida también le controla el efectivo, dando la impresión de que ella es la única que trabaja en la casa. El subyugado Aramis recibiendo la prueba de amor más grande que mujer alguna le pudiera dar. Ella pidiendo para sí salmón a la plancha con alcaparritas y vino blanco, aderezado con aceite de oliva y perejil, acompañado con unos panecillos al horno de entrada, y para Aramis, solo agua mineral, ignorando los deseos del joven que estaba sentado a su lado, como cuando Doku viene a mi pierna buscando las migajas de carne que comparte un amo con su fiel canino, y yo desconociendo las reglas absolutas que rigen tal ciclo humano-canino, termino solo echándole un "Sio, sio". Como plato fuerte, no vale la pena detallar lo que me imagino que pediría para ella, pero para su acompañante una ensalada de recula con aceite de oliva y una pizca de sal. Y lo más chistoso me lo imagino para el final de la velada cuando el mozo le pregunte a Aramis " ¿Que le sirvo de postre señor?" y él, inseguro y sumiso, le diga: "Pregúntele a mi esposa".
lunes, 8 de junio de 2009
PARA COMENZAR DE NUEVO
sábado, 4 de abril de 2009
DARNOS UN TIEMPO
Ya no era la misma persona que conocí en los tiempos antes del tiempo, cuando las nubes eran de diferentes colores y la lluvia era tan densa que se deslizaba por la piel, como el rocío de la madrugada. Recuerdo los momentos felices que compartimos en estos tres años. Jugábamos a ser felices en castillos de tierras lejanas, donde yo luchaba con dragones y monstros de varias cabezas que amenazaban con destruir nuestro reino y terminar nuestra historia. A veces entrabamos al país del nunca jamás y terminábamos perdidos como Alicia en el país de las maravillas. En fin, después de todos estos sueños, el tiempo deja de ser tiempo y empieza a pasar desapercibido por nuestra vida, por nuestros sentidos. Dicen que el tiempo nos hace más fuertes y nos obliga a aprender de los errores del pasado, pero no entiendo que se puede aprender de los errores que se repiten una y otra vez, desafiando a nuestros propios instintos, como un círculo vicioso creado por nuestros hábitos y costumbres. "Realmente no sé qué pasa contigo, te noto diferente, ya no te reconozco", le dije, en un último intento por olvidar los sin sabores que he experimentado en estos últimos tres meses de nuestra relación, tratando de recordar a aquella persona que se perdía por completo en mis sueños, que corría tras de mí sin preguntas, sin preocupaciones, que me estimaba, que me amaba. "Últimamente he tenido muchos problemas, mucha presión, y la verdad es que ya no soy la misma persona. En la vida hay cosas que no podemos explicar, y aunque a veces duele, hay que seguir adelante tratando de resolver los inconvenientes que se presentan, y aunque es duro necesito arreglar muchas cosas", fue todo lo que me dijo, como si se tratara de ponerle un bobo a un niño que llora cuando tiene hambre, mientras yo trataba de buscar una explicación razonable a todo lo que me dijo, porque aunque en un principio me intrigaba su conducta, tengo que admitir que su respuesta a mi pregunta me dejo más confundido aun, perdido en el mismo mundo que creamos juntos, solo que esta vez estábamos ahí, de frente, sin haber ido a ninguna parte . "¿Qué es lo que propones?", le dije, mientras le explicaba las mil y una manera que teníamos para resolver los problemas juntos, como pareja que somos (o éramos), asintiendo un gesto de ternura, que quizás en otro momento hubiera sido suficiente para que termináramos en la cama. Fue entonces cuando vino la divina respuesta a todas mis interrogantes, como si Dios se estuviera apiadando de mi alma y me hubiera dado el don de descifrar el significado de la vida, o al menos de ese enigma que me atormentaba. "Creo que es mejor que nos demos un tiempo". En ese momento no recuerdo si dijo algo más después de eso, porque al igual que en otras ocasiones, no tan graves como esta, perdí mi capacidad de pensar, de oír, de sentir, de hablar, y me sumergí en nuestro pequeño mundo mágico. Al recorrer nuestro habitual camino en nuestro mundo ficticio, note que el castillo donde vivíamos ya no estaba, alguien había soplado y se había derrumbado. Vi que todas las nubes son de un mismo color, que los dragones no existen, porque después de analizar una y otra vez la escena, aquella situación, no he podido descifrar ni entender el significado de sus palabras, puesto que, desde ese momento hasta el día de hoy, aún no he podido volver en sí y recuperar todos mis sentidos.
lunes, 23 de marzo de 2009
EL SANTO OSCURO

lunes, 16 de marzo de 2009
ATRAPADO POR EL SELLO DEL ORICALCOS
Aunque me encantan esos cuentos de hechiceros antiguos, brujos, hadas y magia, debo admitir que no soy un fiel creyente de que la realidad a veces converge mezclándose con un mundo paralelo donde lo místico se convierte en real y lo inexplicable empieza a tener sentido. O al menos eso creía, puesto que ya no estoy tan seguro de distinguir la línea donde lo real se separa de lo imaginario o de lo ficticio. No logro entender el cómo ni el porqué. No recuerdo exactamente lo que cautivo mi curiosidad en el primer momento, ni mucho menos las razones que motivaron mi regreso, pero lo cierto es que desde aquel día no he podido dejar de ir ni de pensar en ello. Cada segundo que transcurre su magia me encierra y me atrapa más y más, sin que mis sentidos construyan algún tipo de resistencia. Es tan confuso que hasta los pensamientos se hacen borrosos, se mezclan con esa sensación misteriosa que pasaba desapercibida a mis sentidos, a mis instintos, producto del escepticismo que me caracterizaba antes de poder entender su gran misterio. A veces pienso que mi memoria me juega una broma, o como dirían algunos, una mala jugada, como cuando le rebatamos un caramelo a un niño indefenso, que solo llora al sentirse vulnerable. A lo mejor es su poder ancestral el que me impide remontarme al principio, a aquel momento en el que me hizo su esclavo voluntario, rompiendo todo esquema lógico en mi vida. Jamás imagine que desde aquel día sería un fiel sirviente de esa costumbre que hasta el día de hoy permanecían carente de toda razón creíble alguna, y que de no ser por las circunstancias de la vida seguiría oculta a mi entendimiento. En muchas ocasiones intente no ir, buscar alternativas, situaciones, tratar de no escuchar su voz induciéndome a regresar, todo por no dejarme arrastrar por su magia, por su encanto, por su fuerza, ganando en algunas ocasiones la batalla, pero perdiendo al final la guerra, regresando como al principio, sumergiéndome en sus sombras que reclaman mi alma una vez que llegue el final para ser sellada, atrapado en un largo abismo sin fondo, en un laberinto interminable. Pese a todo no puedo alejarme, su poder me llama, me encierra, me cautiva, incitándome a querer más. Sí, no tiene sentido luchar contra sus deseos ocultos, porque nada se puede hacer una vez que has sido atrapado por la magia del "Sello de Oricalcos.
miércoles, 11 de marzo de 2009
CULPABLE POR UNA SIMPLE PREGUNTA
Nunca me hubiera imaginado que después de varios días seguidos la culpabilidad pudiera convertirse en algo eterno, algo sin fin. Pero lo cierto es que la última vez que hablamos note un tono de culpa tan grande en su voz que hasta a mí me hizo sentir culpable, tan solo por lo culpable que yo sabía que se había sentido en ese momento. Inocente e ingenuo (aunque ni yo mismo a veces me lo creo) como he sido en toda mi corta vida, decidí darle una sorpresa y llamar a su teléfono móvil el sábado pasado como a las 10 de la noche. Y créanme, realmente se sorprendió mucho al escucharme, hasta el grado de que sentí que la voz le salía a medias, como una voz entre cortada y con un tono grave y a la vez agudo, como cuando soplas un globo y empiezas a soltar el aire de golpe, como cuando pones una emisora vieja de esas de AM. Es más, llegue a pensar que su falta de ánimo para hablar y ejecutar las palabras se debía a que había sufrido de repente una parálisis bucal interna. Y no crean que soy tan dramático, esto le paso a un amigo mío una vez. Por un momento me asuste, debido a que ya han transcurrido dos años y medio desde que nos conocimos y empezamos a salir juntos, y la verdad es que nunca había notado que era una persona ligeramente gaga. Entre aire, globos, tonos graves y agudos, radios y emisora, lo cierto es que, aun no he podido entender el motivo por el cual reaccionó de esa manera, si lo único que hice fue hacerle una simple pregunta. Pequeña y simple y sin ninguna mala intención. Por su tono, noté que se encontraba en un estado de nerviosismo, el cual no quise discutir por teléfono. Es verdad, no recuerdo ningún gesto de presión en mi interrogante, aunque debo confesar que aprecio muchísimo su buena disposición al tratar de contestarme cuando hice la funesta llamada. En fin, no sé exactamente lo que me dijo, porque emitía unos sonidos muy raros. Algo así como monosílabos unidos por diminutas rayas fonéticas gramaticales que sonaban a un dialecto como: “Estoy dindi-vi-di-a”. No es que haya hecho un curso de lenguajes para descifrar códigos y sonetos extraños, pero me pareció, que, en su intento por contestar mi pregunta, quiso decir “donde mi tía”. Y todavía, al día de hoy, no entiendo a qué tía se refería, porque, aunque no se lo dije por teléfono en ese instante, era precisamente ahí donde estaba en el momento en que le hice la llamada. Me imagino que, al día siguiente, su amable y atenta tía, la cual aprecio bastamente, le dijo que yo había pasado por su casa en una visita fugaz, y me imagino también que debido a eso es que no me ha llamado aun, simplemente porque se me ocurrió preguntar, sutil y cariñosamente: “¿Dónde estás mi amor?”.
lunes, 9 de marzo de 2009
Y ENTONCES LE DI MI PERDON
No soy de esos chicos rencorosos que se llevan a la tumba las situaciones desagradables que se viven en las viejas relaciones del pasado. Pero hay ciertos momentos amargos que difícilmente se puedes olvidar, y mucho menos perdonar. Yo, al igual que le puede pasar a cualquier otro chico de mi edad, me entusiasme mucho, no lo voy a negar. Y lo cierto es que, aunque a estas alturas de mi vida no puedo decir que me arrepiento, reconozco que pude al menos haberme evitado algunos malos momentos, que en el fondo de mi corazón sabía que viviría después del rompimiento de esa relación. Es que, pese a que esa persona posee maravillosas cualidades como ser humano, en lo que respecta a su rol de pareja no puedo decir exactamente lo mismo. Es una persona sencilla, solidaria y con un gran sentido del humor, pero.... no es fiel y exige completa fidelidad; no respeta la libertad de su compañero, pero defiende la suya contra viento y marea, y suele ser una persona egocéntrica, altanera y eventualmente boca dura. En conclusión, no es alguien a quien yo recomendaría como la pareja ideal ni a mi peor enemigo, y eso es mucho que decir. Eso explica el que ni siquiera haya quedado en mi memoria como la relación que quisiera repetir en vidas posteriores o en la otra vida. Luego de unos meses de tormentosa pero divertida relación sentimental, llego el final, con todo lo que implican los finales y el amargo rompimiento (llanto, ira, pataleos, reencuentro y olvido). El olvido, aunque se parece mucho al perdón, no lo es. Y por eso me tomo tiempo perdonar de una manera hipócrita diría yo, porque, aunque ha pasado mucho tiempo desde nuestra separación, hay cosas que aún no he podido olvidar. Fue entonces cuando, en nombre de esa primera amistad que tuvimos cuando nos conocimos, retomamos la confianza que nos teníamos y empezamos a compartir las experiencias de otras vivencias amatorias posteriores. Yo le conté lo bien que la he pasado en estos dos años y medio con mi última pareja. Sin embargo, me contó lo feliz que se sentía con su más reciente conquista, y la verdad es que, al principio, ambos fuimos felices con la felicidad del otro. Pero también allí llego el final: “Ya no puedo más”, me dijo ayer después de llamarme a mi celular con su número desconocido. Al escuchar su voz me pareció que estaba llorado, a través del móvil. “Ya no puedo más, la verdad es que no sé qué hacer. Es que siento que salir con él es como salir conmigo a la vez”, me dijo. “¡Dios mío, ¡qué terrible!”, dije yo, al escuchar de manera atenta sus lamentos. Sentí como la respiración se me corto de repente. Sentí como se me formaron cuatro nudos en la garganta, sin tomar en consideración que me empezaron a sudar las manos de repente, y mientras escuchaba todas las razones que justificaban su tormento y desdicha sucedió algo que nunca pensé que experimentaría: se me salió una lágrima. Sí, lloré solo de imaginar aquel sufrimiento por el que estaba pasando al salir con una persona que tuviera sus mismas cualidades. Y Fue entonces cuando finalmente, ante tal desdicha, que me dispuse a darle mi perdón sincero.
viernes, 27 de febrero de 2009
UNA MENTIRA CON MUCHA SODA
Era de
esperarse. Hacia tantos años que no nos veíamos (desde la secundaria) que la
pregunta ni siquiera provoco en mi mayor sorpresa. Total, ya estoy
acostumbrado. “¿No me digas que todavía no te has casado?”, me
dijo con una expresión que combinaba sorpresa y una especie de asco que yo no
atinaba a adivinar a que se debía. Me la encontré en el supermercado, específicamente
en el pasillo donde están los refrescos. Recuerdo que llevaba un pote de cocoa, dos paquetes de platos desechables y un rollo de papel de
aluminio en la canasta del supermercado. Creo que me vio de reojo mientras me
acercaba a ella. Al acercarme vi que echaba en su canasta un pote de refresco
de 2.5 litro. Después de un “¡hoolaa!” más ficticio que entusiasta, me miro de arriba
abajo con la misma mirada “crítica y analítica” con que las personas de clase
media miran a los pobres indulgentes que se les acercan a ellos para pedirle
comida o algo de dinero. No sé si buscaba en mi algún rastro epidérmico o
textil que le permitiera entender mi estado de soltería, pero lo cierto es que
su escrutinio visual duro tantos segundos que llegue a sentirme visiblemente incómodo.
Aunque yo apenas respondía con monosílabos, ente sus comentarios para no
alargar la conversación, no dejo de hablar en ningún instante, ofreciéndome un
ameno y completo repertorio sobre las ventajas ideológicas y socioculturales de
estar casada con alguien. Fue entonces cuando respiro profundamente para
instruirme en lo que ella entendía que era su regla de oro, mientras nos
dirigíamos hacia la caja a pagar. “Mira yo”, me dijo, como si
ella representara el mejor ejemplo de candidata para compañera de vida. “Es
verdad que mi último esposo no me salió tan bueno que digamos. Nos separamos
casi de una vez. Pero no me arrepiento. La mujer debe tener a alguien para, al
menos poder decir: estuve casada”. Sus sapientísimas palabras me dejaron frisado, y una voz
interior me dijo: “¡Habla Daniel!”. Yo habría querido permanecer callado, pero
debía atender el llamado de esa voz tan mía que nunca me ha fallado, aun cuando
los silencios parecen imponerse para dejarme avergonzado de mí mismo. “¿Y
qué te parece si mejor te miento sobre mi estado amoroso?", le dije,
mientras la miraba fijamente a los ojos. “Podría decirte que estuve con
alguien sin nunca haberlo estado o que estuve casado por algunos años sin haber
tenido ninguna pareja. Al final, sería lo mismo: tu tendrás tu gran mentira y
yo tendré también la mía”. No recuerdo exactamente lo que susurro en ese
momento antes de regresar nueva vez al pasillo donde la encontré, Solo vi que encogió los hombros y entonces decidió cambiar su refresco
grande por uno más pequeño.
UNA PETICION MUY ESPECIAL
Todo parece indicar que le hice química y le resulté un chico simpático desde el primer momento en que nos vimos. No voy a negar que a mí también me causo la misma impresión, y aunque no soy de esos tipos que se suelen ilusionarse por si solos y sin ningún fundamento, llegue a ver una posibilidad amorosa con significativas probabilidades de éxito, ya que me estaba encaminando a mi relación # 8. Después de aquel primer encuentro en qué quedamos impresionados el uno con el otro, hablábamos por teléfono casi todos los días y salimos a cenar en más de seis oportunidades. Y así, cada encuentro, resulto más agradable que el otro, hasta que finalmente me dijo, en una inexplicable mezcla de entusiasmo y timidez: “No se cómo vas a tomarlo, pero quiero pedirte algo que para mí es muy especial”. Durante los breves segundos que hizo silencio para proseguir el curso de su tan emotiva conversación, pasaron por mi cabeza infinidad de historias posibles desenlaces, en las que las mayorías terminaban como en esos cuentos de hadas. Sonreí al pretender que adivinaría la verdad de lo que diría. “De repente, lo tomo mejor de lo que tú piensas”, le dije, insinuándole siquiera con lo que yo suponía sería una buena noticia para mí. “Bueno, lo que quiero es que te hagas el mejor amigo de mi pareja, así ya no tendré que mentir a la hora de salir y juntarme contigo”. No tengo palabras para describir los choques sentimentales que sentí en ese momento. Sentí como si me hubieran echado una cubeta de agua fría luego de haber permanecido dos horas bajo el sol (situación completamente idílica, tomando en cuenta que duró dos horas secándome delante de mi abanico, mientras me voy vistiendo, luego de una vigorosa ducha): “Además aprecio y amo mucho a mi pareja, pero sin lugar a dudas la querría todavía más si se contagiara de tu chispa, de tu entusiasmo y tu buen sentido del humor”, concluyo diciendo. No puedo recordar si dijo algo más después de eso, pero estoy seguro de que, aunque así fuera, no lo habría escuchado, porque creo que repentinamente deje de escuchar, de ver y hasta de respirar, durante largo tiempo. Hoy después de tres años, de tan funesta experiencia, por coincidencia de la vida y del destino, nos volvimos a ver. Y al igual que en esa ocasión me pidió otra petición muy especial. Y aunque esta vez sí era la petición que yo me imaginaba, lamentablemente tuve que rechazarla puesto que ya no podía servirle de ayuda. Y es que ya no conservo mi tan apreciado sentido del humor. Ya no soy tan chisposo, ni mucho menos entusiasta como en ese entonces.
martes, 24 de febrero de 2009
DE HOMBRE A NIÑO OTRA VEZ
Apelando
un poco a mi escaza memoria, recuerdo que, en los días de mi niñez, hacia mis tareas religiosamente, no peleaba, y me portaba bien para que mi madre me
recompensara con una tarde de paseo por la calle el conde. Claro, dicho paseo carecía de premio alguno, como un helado o una golosina (con lo
mucho que me gustaban las golosinas). Para ser sincero, no recuerdo el número
de veces que llegue a pasearme desde niño por esa calle, pero si recuerdo lo
mucho que me divertía caminar de un lugar a otro, a lo largo del
conde peatonal, como el que camina sin rumbo y sin destino. ¿Por qué traigo
esta pequeña anécdota de mi juventud a colación? Hoy, después de 20 años (eso me recuerda lo viejo que me
estoy poniendo) tengo que transitar por esta calle peatonal todos los días. Verán, trabajo en la calle Isabel La católica de la zona colonial desde hace 6 años y para llegar a
mi trabajo tengo que caminar por ella todos los días (de ida y
vuelta). La he caminado tantas veces que ya se me ha hecho una costumbre. Al
principio me sentía extraño caminar por ella, con tanta gente a
mi alrededor, muchas tiendas abiertas, vagabundos en las
esquinas, restaurantes que llaman mucho la atención, prostitutas en cada esquina y los típicos homosexuales que transitan en ella. Hoy sucedió algo especial. Algo que no me sucedía desde hace mucho tiempo. Al medio día decidí almorzar fuera de la oficina y obviamente,
el conde era la opción del día. No tengo que contarle la travesía mientras iba, pero al venir me paso algo increíble. Al llegar a la esquina del parque Colon, me llegaron
algunos recuerdos de mi niñez, sí, de los días en que mi madre me paseaba por el parque colon.
Entonces mire hacia los lados y había algo diferente en el entorno. La gente me empezó a parecerme graciosa. Por un momento quise saber lo que pasaba por las
mentes de todo el que se quedaba mirándome. Vi el parque colorido. Las palomas me parecieron
graciosas. Los turistas ya no eran tan desagradables. Es extraño, pero me sentí diferente. Diferente a todos los días en que he transitado por allí. Al llegar a mi trabajo noté que se había ido la magia, pero después de todo me alegra haber ido a comer fuera, porque increíblemente, aunque tan solo fue por unos minutos: volví a
ser un niño de nuevo.
miércoles, 27 de agosto de 2008
UNA CONVERSACION EN LA CATEDRAL
"Filosofar es una actividad intelectual dependiente de la mente en el procesamiento desde las impresiones exteriores a la formación de las ideas internas en un lenguaje que se externa al más allá de nuestro ser”. Esto es precisamente lo que hace el poeta y ensayista dominicano José Mármol en su programa de entrevistas “Conversación en La Catedral”. A mi entender, el Poeta y escritor José Mármol es Considerado como el poeta más importante de toda la Generación de los Ochenta. Entre sus numerosos méritos se puede decir que es también un sólido ensayista y teórico de la poesía, crítico de arte y literatura. Sus numerosos Textos, tanto poéticos como ensayísticos, han sido seleccionados para formar parte de numerosas e importantes antologías nacionales e internacionales, además de haber sido traducidos al inglés, francés e italiano. Este programa es sin lugar a equivocarme, único en su género. Ha tenido varias nominaciones en los reconocidos premios dominicanos. Hemos visto desfilar a numerosas figuras del arte, espectáculo, cine, música y artes de Iberoamérica. Creo que hay una marcada presencia de la voz oral del español dominicano en sus poesías. Se pueden observar giros expresivos y vocablos propios del lenguaje cotidiano en la superficie de sus poemas, con todo y que estos parezcan, en una primera lectura, muy densos o muy cargados en términos conceptuales. Hay poemas en los que aparecen voces del habla popular que tal vez no aparezcan en diccionarios de la lengua española. Se trataría, pues, de neologismos; que, a decir verdad, nada tienen de nuevo en la tradición oral de nuestro país. Asimismo. Es probable que por su intrínseco espíritu libertario y por su elevado contenido de espontaneidad, el habla popular sea mucho más creativa que la lengua escrita. Pero lo que más me ha impactado de este joven poeta, es ver como nutre las estructuras rítmica y sonora en su poesía con los aires de la oralidad, con los pregones urbanos y campesinos, con las décimas y coplas repentistas, con los cantos de la religiosidad popular, con los estribillos del canto del labriego. Es un privilegio inigualable poder filosofar con José Mármol y tener “una conversación en la catedral”.
lunes, 25 de agosto de 2008
DE VUELTA A LA EDAD MEDIA
Una de las características principales que dominó toda la edad Antigua y media fue la falta de ley y orden. Las personas hacían lo que les venía en mente en el momento en que les daba la gana. Los delincuentes se creían con el derecho de robar y maltratar a las personas decentes que con mucho sacrificio conseguían el sustento para la vida diaria. ¿A qué se debía tal situación? En muchos casos a la inexistencia o debilidad de los organismos que estaban llamados a imponer el orden y aplicar sanciones severas a aquellos que trataran de infringir las reglas los sitios en donde tenía alguna presencia. De manera afirmativa y sin posibilidad de equivocarme, puedo afirmar que hemos retrocedido a la época del caos y el desorden. Unas de las cosas de las que me jactaba en mis 24 años de vida, era el hecho de no haber sido víctima de un atraco por manos de delincuentes, hasta hace 4 meses, cuando de manera irónica y en plena luz del día, dos jóvenes montados en un motor, me sustrajeron dinero en efectivo y un celular que apenas tenía un mes de haberlo comprado. Crean me cuando les digo que fue de manera irónica, porque esto ocurrió como a las 2 de la tarde y a una esquina de la residencia donde vivo. Desde entonces, me han intentado robar en 5 ocasiones, todas de las mismas formas (dos y tres jóvenes montados en un motor) y en el mismo sector en donde resido, lo que me ha provocado una fobia terrible contra los vehículos de motor. Antes el sector María Auxiliadora, solía ser un barrio tranquilo, con muy pocos indicios de actos de delincuencias, situación muy diferente a la de hoy. Ya no se puede ni salir al colmado de la esquina, porque siempre hay alguien que está al asecho, esperando atraparte como un león vigila a su presa para devorarla. Hoy por hoy la delincuencia nos ha arropado desde los pies hasta la cabeza. Digo esto porque sé que esta dolorosa situación no se da únicamente en el barrio María Auxiliadora, no, se da en todos los barrios de esta ciudad. Lo más indignante de toda esta situación es ver la ineficiencia con que la policía nacional, organismo que debería velar por nuestra seguridad, hace lo que ellos llaman trabajo. Todos sabemos que los principales corruptos son los que están llamados a poner el orden y asegurar o garantizar nuestro bienestar. En días pasados tuve la oportunidad de presenciar como tres delincuentes asaltaban a una joven a dos cuadras de una calle paralela al Hospital Luis Eduardo Aybar, frente a un grupo de moradores del mismo sector, que ni siquiera se molestaron en socorrer a la pobre muchacha que gritaba por ayuda. Indiferencias como estas al sufrimiento ajeno es lo que nos garantiza sumergirnos más en este caos que parece crecer cada día mas, no sabiendo que hoy fue ella, pero mañana podría ser uno de ellos. Definitivamente estamos en los tiempos de los bárbaros, hemos retrocedido a la edad antigua, con leyes, pero sin nadie que las aplique, con policías, pero corruptos y sin ningún tipo de decencia, donde se apresan a una parte de los delincuentes y en menos de unas pocas horas ya están en libertad. Esto no es cuestión de derechos humanos ni nada por el estilo. Esto es cuestión de tener mano dura contra los delincuentes. Es cuestión de desarmar una policía que no ha servido para nada, de hacer conciencia entre los moradores de nuestros sectores, de reforzar las vigilancias en nuestras calles, porque ya ni eso podemos hacer en nuestro propio barrio. De por Dios, nosotros pagamos nuestros impuestos, tenemos que trabajar muy duro para poder subsistir en esta vida. Lo mínimo que podemos recibir del estado es que nos garanticé por lo menos seguridad ciudadana. De seguir así, muy pronto les cambiemos el nombre a nuestro sector María Auxiliadora y le pongamos María de los lamentos y desafortunados.
